César Augusto Sosa

Lo que nos dejó el 2020

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Lunes 28 de diciembre 2020

A pocos días de que termine el peor año económico del que se tiene registros estadísticos en el país, la expectativa se concentra en lo que traerá el 2021, un año marcado por la vacunación a escala global y las elecciones presidenciales en el país.

Todo año que empieza suele estar lleno de esperanza y buenos deseos, pero la experiencia muestra que los deseos se cumplen siempre y cuando haya dos cosas: objetivos bien definidos y mucho trabajo, lo cual implica planificación, gente capacitada y acuerdos internos que permitan alinear a todos los actores en las metas.

Parte del trabajo también es aprender de los errores. Aunque esto último parezca obvio, la historia del país muestra que los errores se repiten cada cierto tiempo, básicamente por falta de acuerdos mínimos.

Este año, la pandemia global le está recordando al mundo que un virus puede acabar de un plumazo con años de crecimiento económico y de lucha contra la pobreza. El covid-19 ha sido capaz de poner un freno a la globalización, pero también el acelerador a la digitalización de los negocios.

La fuerza de la pandemia dejó al descubierto las fisuras de los sistemas de salud, lo cual ha sido más evidente en aquellos países donde las instituciones son débiles, como es el caso de Ecuador y de la mayor parte de América Latina.

La respuesta del Gobierno ecuatoriano para enfrentar la crisis sanitaria estuvo limitada a la disponibilidad de recursos. Sin ahorros no fue posible ofrecer un mayor apoyo a los sectores productivos y a las personas más vulnerables. Las ayudas que se brindaron se financiaron con endeudamiento público, la cual representará el 65% del Producto Interno Bruto (PIB) al cierre de este año, unos 12 puntos más respecto al año previo.

Ecuador necesita crear en los próximos años un fondo de contingencia para poder aplicar una política fiscal contracíclica en épocas de crisis, más cuando se conoce que el país es vulnerable a fenómenos naturales y a la alta volatilidad de los precios de las materias primas, básicamente el petróleo.

La falta de recursos propios impidió que el Gobierno pudiera ofrecer una mejor respuesta para enfrentar la pandemia, y eso explica buena parte de la caída de la producción ecuatoriana este año, que se proyecta entre 8,9% y 9,5%. Y cuando cae la producción, los efectos se sienten en la pérdida de empleo y el aumento de la pobreza.

Ecuador también aprendió este año que el sector privado, específicamente el orientado al comercio internacional, pudo salir adelante en medio de la crisis. Los exportadores de banano, cacao, madera, abacá, frutas y productos mineros han tenido un gran desempeño. Ecuador se convirtió en el primer exportador mundial de camarón, desplazando a la India

Las principales lecciones del 2020 se pueden resumir en impulsar las exportaciones no petroleras y crear fondos de ahorro para que el Estado pueda responder antes una nueva crisis, que llegará en otro momento.