Vicente Albornoz Guarderas

Deflación subyacente

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Domingo 16 de diciembre 2018

@VicenteAlbornoz

Si se revisa el comportamiento del Índice de Precios al Consumidor (IPC), se puede ver que el último dato publicado (noviembre 2019) es 0,35% más alto que el dato del año pasado. O sea, tenemos una inflación anual de 0,35% (y con tendencia al alza). ¿Pero será esa la inflación real del Ecuador o estará afectada por temas estacionales y por decisiones políticas con efectos importantes, pero que no cambian las tenencias de largo plazo?

Es importante aclarar que este artículo no busca poder en duda la calidad de la información del INEC sobre el IPC, sino más bien resaltar que algunos componentes de ese índice son bastante volátiles y pueden “oscurecer” las tendencias estructurales.

Y justamente para “limpiar” el IPC de las tendencias erráticas de los precios de ciertos productos, existe el concepto de la inflación subyacente, que es el comportamiento de los precios si se retira de la canasta a los alimentos y a los combustibles.

La razón para retirar los alimentos es que muchos de ellos, y sobre todo los más frescos, tienen precios con comportamientos bastante erráticos, disparándose en época de escasez, para desplomarse en épocas de temporada. Por ejemplo, las naranjas han caído 27% de precio en los últimos 9 meses, pero habían subido 66% en los 4 meses anteriores. Y ni hablar de la volatilidad de productos como los ajos, las cebollas o las mandarinas...

Por su parte, la razón para quitar a los combustibles del cálculo es que, en países menos populistas, su precio suele reflejar el del petróleo en el mercado internacional (y no las tendencias propias del país en cuestión). Pero en el caso ecuatoriano, el precio de los combustibles refleja decisiones políticas que, si bien encarecen el país, no reflejan una lógica de costos de producción ni de demanda, sino la lógica de la política y de las restricciones fiscales, algo que se vio claramente en el último aumento en la gasolina súper.

Luego de quitar los alimentos y los combustibles del cálculo de la inflación, se tiene la “inflación subyacente” que, como ya se dijo, podría reflejar mejor las tendencias de largo plazo, que “yacen” en las bases de la economía.

Y a noviembre 2018, mientras la inflación “normal” está al alza y en su nivel más alto en 18 meses (igual está bajísima), la inflación subyacente está en 0.08% y con una tendencia a la baja. O sea, está muy cercana a cero y podría fácilmente convertirse en negativa y, por ende en deflación.

Las consecuencias de todo esto es que hay que hacernos a la idea de que los precios no están subiendo y que en el corto plazo es más probable que bajen. Y esto tiene una consecuencia política de enorme relevancia: no hay un justificativo, por más que se lo busque y rebusque, para aumentar los salarios. Así de sencillo.