Reinaldo Páez Z.

Defensa miope y malintencionada

valore
Descrición
Indignado 27
Triste 1
Indiferente 1666
Sorprendido 0
Contento 86
Lunes 05 de abril 2021

Frescos, por intensos y amedrentadores, se mantienen los recuerdos de la “protesta popular” que convulsionó al país durante los infaustos días de octubre del 2019, cuando campesinos e indígenas fueron utilizados por sus dirigentes complotados con los prófugos saqueadores del gobierno anterior.

Hordas destructoras incendiaron vehículos policiales, militares y civiles, destruyeron calles, veredas, levantaron el pavimento y los adoquines, desmoronaron muros y paredes, hollaron a la histórica y tradicional ciudad capital.
Pululaban “combatientes” (guerrilleros urbanos) cubiertos el rostro, vestidos de negro con escudos y bazucas caseras, preparados con antelación, para atacar a la fuerza pública.

Los manifestantes secuestraron a policías hombres y mujeres, los vejaron públicamente y las acosaron, manosearon, intentaron violarlas; profirieron inhumanas injurias a altas autoridades nacionales.

Varios de los agresores incendiaron el edificio de la Contraloría General del Estado con el objetivo de incinerar los documentos probatorios de los múltiples atracos cometidos en esa época de vergüenza.

Una turba enardecida trató de tomarse un cuartel, las gloriosas Fuerzas Armadas no dispararon un solo tiro y de manera incomprensible, para muchas personas, soportaron impertérritos vejámenes e injurias.

La población citadina aterrada, impotente no podía localizar a ninguna autoridad o institución que la proteja; en las calles grupos de violentos manifestantes impedían la circulación vehicular mediante obstáculos y lanzando piedras.

No faltaron asambleístas, autoridades seccionales y políticos relacionados con el socialismo del siglo XXI que clamaban histriónicos y a gritos, la renuncia del presidente de la República y la liberación del ex vicepresidente detenido en el Centro de Rehabilitación de Latacunga.

Desde el exterior llegaban mensajes de beneplácito de Maduro y colaboradores por los intensos desórdenes que agobiaban a nuestro país y los ensalzaban como resultados exitosos de las tareas planteadas en el Foro de Sao Paulo.
A los ecuatorianos nos sorprendió la actitud madura y responsable de la fuerza pública que, a pesar de ser atacada, se defendía lanzando gases, con toletes y escudos, sin utilizar armas de fuego.

Siendo así lo acontecido, es inaceptable e incomprensible la presunción del Defensor del Pueblo que pide malintencionadamente el señalamiento de delitos de lesa humanidad para las autoridades de Gobierno, de defensa nacional y se inhibe de solicitar sanciones a los dirigentes que incitaron a la realización de estos brutales sucesos, en complicidad con aquellos políticos que vaciaron las arcas de nuestro país y fundaron la escuela del robo descarado en sobreprecios y coimas, que ha sido malsanamente continuada por aprovechados discípulos que la han perfeccionado mediante adquisiciones fraudulentas de pruebas diagnósticas, apropiaciones de multimillonarias sumas en construcciones no efectuadas de refinerías y hospitales.