Jorge G. León Trujillo

La decepción

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Jueves 13 de octubre 2011
13 de October de 2011 00:02

Hay días en la vida que uno debe parafrasear el poema de César Vallejo, por los golpes que le llegan a uno tan adentro. Es una penita que no se sana; daño moral que tuvo ese precio con la ratificación de la condena a El Universo. No tanto por la disputa con el periódico, sino por la devaluada imagen que queda del país. No solo por un juicio en que procedimientos y ejercicio de justicia perdieron su decoro, sino porque nuestro establecido pluralismo en la sociedad perdió valor. El pluralismo ecuatoriano fue ejemplar ante otros países que por un “quítame las pajas” llegan a las armas, porque convivimos con la protesta, por haber deshecho presidentes sin dar paso a dictaduras, porque nos hemos dicho las verdades en todos los tonos sin trágicas consecuencias. Eso no se construye de un día para otro ni es fruto de simples decretos, sino de una larga construcción histórica por encima de las ideologías y mentalidades de varias generaciones.

Pero mi penita, como la de varios, incluidos de AP, es aún mayor porque esperábamos que una vez emitido el primer fallo y ya hecha la presión a El Universo, ya marcada la sanción pública a E. Palacio, con o sin razón, ya no cabía justificar millones en juego, ni menos crear el precedente de que un Presidente quiera que haya censura previa o cree justificativos para un futuro de presión arbitraria desde el poder. Simplemente, esperábamos que Correa retire su acusación y haga honor a su discurso de desinterés monetario -lo de donar al Yasuní no es salida límpida- que ratificara que en nuestro país prima el pluralismo, que ni su dignidad ni la de nadie es monetarizada, que eso lo dejamos para otras culturas, que aquí valía más haber demostrado que una opinión abusó de las palabras o al menos se expresó inadecuadamente, pero no valía dejar atisbo para que se piense que hay venganza u odio. Para demostrar que se trataba de crear el precedente de educar a la prensa, la amenaza del primer fallo condenatorio fue ya excesivo; el segundo no debía llegar, será peor un tercero. El Presidente debía retirar la acusación, ganaba medallas políticas y la imagen de magnánimo. Al persistir en la acusación ahonda inconsistencias en argumentos y procedimientos; y a la larga no dejará buena imagen.

El juicio irá a nivel internacional. Sin importar quién gane, el país quedará con la vergüenza de las costuras de su justicia, con jueces nombrados a todo vapor, que llegan a la causa de un día para otro, que no son penalistas, que deciden con celeridad excepcional una sanción desproporcionada, indigna en un país rico, más en un pobre. Se exhibirá la imagen de un país en donde las instituciones dependen de la voluntad del que se impone; el ego colectivo se nos va a los talones. ¡Nuestra dignidad, que no tiene precio porque vale tanto, queda tan devaluada! “Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé!” (C.Vallejo)