Fernando Carrión M.

Decadencia de las fiestas de Quito

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Martes 04 de diciembre 2018

Quito vive un vacío político-cultural que se expresa también en la decadencia de sus fiestas. Hay que reconocer que todas las sociedades requieren periódicamente de un momento de efervescencia colectiva que transgreda la vida cotidiana, sobre la base –según Da Matta- de un “ritual del consenso” que reafirme sus creencias y tradiciones.

Este momento festivo se constituyó hace aproximadamente 70 años, cuando el diario Ultimas Noticias y las élites quiteñas construyeron un consenso alrededor de dos ideas fuerza: la del origen de la ciudad venida del imaginario de la “españolidad”, propio de su fundación, del carácter “colonial” de su Centro histórico y de la fiesta de los toros, que llegó porque en el invierno español no se podían hacer corridas; y la de la incorporación de la población de los barrios de la ciudad al disfrute y goce de la celebración.

Este ritual entra en crisis con el cuestionamiento del consenso que se construyó a través de tres elementos históricos: primero, del sentido de la pluriculturalidad de la sociedad; segundo, del ambientalismo que defiende los animales (los toros) y tercero, de las reivindicaciones feministas que debaten los reinados de belleza.

La fiesta popular del barrio se transforma en tarima ambulante (chivas) y el sentido social de la misma se municipaliza. Estos cuestionamientos a la conmemoración toman forma de disputa a través del discurso oposición/oficialismo, sur/norte y pelucones/popular. O sea, el relato estigmatizador termina por sepultar el consenso sin producir nada alternativo, porque la Revolución Ciudadana nunca entendió los espacios locales, asestando un golpe cultural a la ciudad, del que hasta ahora no se repone.

En la alcaldía de Rodas la crisis de la fiesta se acentúa debido a una doble situación: una concepción sustentada principalmente en conciertos (Quitonía), donde la población se convierte en observadora de un espectáculo y no en actora del sentido de la misma, donde el pregón es el primer concierto de la temporada. A eso se suma la reducción del presupuesto por el efecto de la metro dependencia: en 2014 el fondo fue de 4.4 millones de dólares, que sirvió para - traer a Sting con los resultados conocidos.

Posteriormente cada año se reduce el fondo y el perfil de los concertistas, para llegar a este año con un presupuesto de 800 mil dólares; esto es, a solo el 16% con el que arrancó su administración.

Frente a esta decadencia hay que plantearse su refundación, iniciando con la convocatoria a un gran encuentro de historiadores, antropólogos, sociólogos, economistas, comunicadores y empresarios con la finalidad de debatir y reflexionar alrededor de una propuesta colectiva que supere esta decadencia dolorosa.