Jorge León

Tener poder para ser débil

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Lunes 06 de noviembre 2017

Las personas como los países han basado, en sus inicios, su poder o su afirmación en la fuerza. Esta implica toda una economía para alimentarla. Sin embargo, hay momentos en que el poder de un país no depende necesariamente de la fuerza sino más bien del contexto, de lo que predomina en el momento o del sistema que los países han creado en sus relaciones.

Ahora, en el mundo en que no hay el predominio de una o de dos potencias, al contrario vivimos la perdida de poder de la potencia principal, Estados Unidos, y también de la que parecía ser su contraparte, Rusia.

En este contexto, sorprendentemente en efecto el Corea del Norte, que no tiene muchos recursos para ser una potencia, gracias al chantaje de la bomba atómica ha puesto en jaque mate a la potencia más fuerte y al mundo entero. Rusia, a su vez, sin disponer de los recursos para ser la potencia que aparece ha logrado un gran impacto, volviéndose indispensable para resolver los problemas y los conflictos en Asia y en Oriente Medio. Rusia, en efecto, tiene una economía en bajada y perdió sus significativas entradas del petróleo y del gas que han bajado de precio y el mercado está más reducido. Tampoco tiene fuerte presencia militar.

La disminución de la importancia como potencia de Estados Unidos y de los otros países que no terminan de afirmarse facilita que juegue este rol Rusia. Eso le permite establecer alianzas de colaboración económica, militar, o de todo tipo con el conjunto de países de Europa del Este, de Medio Oriente y de Asia. De ese modo ha desplazado a Estados Unidos y Europa.
Al volverse indispensable en la solución de conflictos y frenado a los Estados Unidos también ha cortado en gran medida el peso que podía tener China en la región. Así, podemos ver que no todo es una demostración de fuerza. En estos momentos en que en la sociedad y en el mundo, el contexto permite adquirir poder de modo no convencional, conviene recordar que no es un poder duradero.

En Ecuador, a Lenín Moreno le acontece algo similar, gracias a que su palabra ha adquirido reconocimiento y legitimidad política. Eso es sorprendente porque no tiene antecedentes o una organización para darle la fuerza necesaria. Eso puede desaparecer. Depende de cómo ahora utiliza esa fuerza para precisamente crear nuevos nexos, lograr apoyos a su gobierno. Debe tomar iniciativas de liderazgo, aún más ahora que el ala “correísta” le ha sacado de AP. Debería articular otra AP y otra corriente política con el pluralismo que ha defendido. Su gobierno lo requiere y tiene buenas posibilidades de lograrlo.

Si AP requiere la presencia del caudillo para salvarse, es la hora de construir una organización y gobiernos diferentes, a condición que Moreno tome la iniciativa y no espere que los hechos y el caudillo se impongan.

jleon@lcomercio.org