Lolo Echeverría

El debate de la segunda vuelta

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Sábado 23 de enero 2021

Los debates de la primera vuelta electoral tuvieron las dificultades que eran previsibles por el número de candidatos y por la reticencia a debatir de los que se creen ganadores. En los debates de E L COMERCIO y de la Cámara de Comercio de Guayaquil, no participaron dos candidatos, Yaku Pérez y Andrés Arauz.

En el debate oficial del Consejo Nacional Electoral era fácil lograr la asistencia de todos los candidatos, que estaban obligados por la ley, pero era más difícil lograr consenso. El Consejo Nacional de Debates, integrado por cinco personas con conocimiento y experiencia, se encargó de elaborar el formato, plantear las preguntas y recomendar al CNE una lista de moderadores. Cuando me invitaron a participar como moderador con Ruth del Salto, parecía haberse alcanzado consenso. En la carta de aceptación manifesté que aceptaba, considerando que la designación había sido realizada con el consenso apropiado, como una obligación cívica y una contribución al desarrollo de la democracia. Cabe suponer que presiones de uno o varios grupos políticos afectaron ese consenso y obligaron a cambiar el formato y a separarme del debate. Una vez que recibí la llamada de la presidenta Atamaint entregué, con la constatación de notario, las preguntas que tenía en custodia, a Ruth del Salto, como acordamos con la presidenta del CNE.

No conviene dramatizar los problemas del debate ni tampoco minimizar las dificultades porque, probablemente, tendremos una segunda vuelta y ese debate será decisivo. Si no hacemos correcciones el debate será inocuo. El debate electoral no solo sirve para conocer las ideas de los candidatos sino también para examinar cómo defiende esas ideas, cómo reacciona ante ideas distintas o contrapuestas, el grado de tolerancia y la apertura para aceptar cambios o modificaciones. El carácter de un candidato es fundamental porque puede hacer la diferencia entre un presidente demócrata, un paniaguado o un atrabiliario.

El Consejo Nacional de Debates ha realizado una tarea sobresaliente y seguramente continuará en la segunda vuelta. En su informe final hace dos recomendaciones destacables, la primera instando a los miembros del CNE a cooperar entre ellos y apoyarse mutuamente y la segunda solicitando que se mantengan los debates perfeccionando los procedimientos y mecanismos.
Para que el debate sea exitoso conviene una adecuada presión de todos los actores, no solo de los políticos. Del electorado para informarse mejor de la calidad de los candidatos y sus propuestas, de los participantes para explicar sus ideas y exhibir tolerancia democrática. De los organizadores para servir a los electores, no a los candidatos. El debate es siempre difícil, se hace más difícil si los participantes no quieren debatir y más aún si los organizadores no quieren que debatan.