Julio Pazos Barrera

David Santillán

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Viernes 30 de agosto 2019

Columnista invitado

El Museo del Carmen Alto presenta una exposición temporal del artista y restaurador David Santillán. La novedad del evento, en esta ocasión, no reside en el óleo, la resina, las esculturas cubiertas con pequeños adminículos, el uso del neón, una botella, pelotas de cuero y un par de peras de boxeo, etc. La novedad se encuentra en la museografía que utiliza textos de San Juan de la Cruz y de Santa Teresa de Ávila y los coordina con artefactos e instalaciones. ¿Cómo relacionar los textos de los místicos con formas artísticas? Los textos aluden a estados espirituales intangibles y las formas artísticas son materiales modificados según la subjetividad del artista.

Allí está La subida al monte Carmelo, de San Juan: “En la noche dichosa, /en secreto que nadie me veía, /ni yo miraba cosa, /sin otra luz y guía / sino la que en el corazón ardía”. Santillán intentó una metáfora visual de estos versos y pintó una montaña cubierta de selva con un sendero y delante un río con una barca que se encendía. ¿Esta barca es el corazón que arde? Se quema en amor puesto que es el alma enamorada de Dios. Es muy densa la mística y puede ocurrir que la plástica se quede en medio camino.

En una sala vemos unos artefactos geométricos, de neón prendido, colgados del tumbado y muy al fondo aparece en una tabla negra sobre superficie blanca un pájaro con alas abiertas., ¿el Espíritu Santo? ¿Son las siete moradas? ¿Son el castillo interior? ¿Debe el alma, para acercarse a Dios cruzar las moradas? Santa Teresa no quiso, de propósito, oscurecer y complicar el camino; aunque los seguidores hubiesen preferido un camino menos oscuro.

Llegamos a una metáfora visual: dos pelotas de fútbol sobre un soporte y dos peras de boxeo colgadas del tumbado, estas piezas se encuentran cubiertas con representaciones de llagas y golpes. Parece que se buscó representar la violencia del mundo actual. Sin embargo, por estar esta instalación situada en una sala del museo en la que se exhibe una conmovedora Piedad del siglo XVIII - en la que el cuerpo de Jesús aparece cubierto de llagas- el conjunto de lo expuesto por Santillán y la Piedad anónima adquieren un significado que relaciona la idea del dolor y la crueldad.

Santillán ha utilizado el término ‘diálogo’ para dar unidad a su propuesta. Los místicos vivieron, pensaron y se santificaron en el siglo XVI, cuando la Iglesia Católica tridentina buscaba retornar al espíritu evangélico para oponerse a la Reforma. El mundo descalabrado que les tocó vivir oponía guerra, peste y hambre a la riqueza de unos pocos afortunados, tal como ocurre en el mundo actual. Santillán ofrece un plan artístico que se aleja de la novelería espectacular de los actuales tiempos y busca dialogar desde lo actual con los paradigmas de la espiritualidad.