Enrique Echeverría

Cuestión de vida o muerte

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Lunes 23 de marzo 2020

El uso de las redes sociales, en la situación que estamos viviendo, debe ser de esmerada aplicación ante los peligros de la enfermedad coronavirus, pues demanda extrema delicadeza a fin de no contribuir a la angustia de la población. Al inicio, en las redes aludidas divulgaron inclusive bromas de aquellas que abundan como producto del buen humor. Pero el mal -al extenderse peligrosamente- demandó un paréntesis, particularmente para difundir informaciones exageradas, o confusas y, peor, falsas sobre el número de afectados por el virus y en cuanto a las medidas de control.

Conducta repudiable constituye la siembra del miedo, estado psíquico primario del ser humano. El miedo es vivencia básica que podría conducir, en grupos de cierta cantidad de personas, al extremo del terror por la amenaza de un peligro inminente y hasta puede llevar al estado de pánico que, con frecuencia, es colectivo y contagioso, como define el Diccionario de la Lengua Española. ¿Qué hacer? Obligados a permanecer en el hogar, la angustia prospera. La gente que vive al día de su trabajo, cruzada de brazos no ve manera de conseguir aquel ingreso modesto que cubre las necesidades de familia. ¿Qué siente el pequeño comerciante que no tiene sueldo y, por lo mismo, vive para él y su familia de aquel ingreso producto de su dura labor?

¿Qué el trabajador de la construcción que llegó temprano el día lunes y se encontró con que la obra en la cual percibe el ingreso por semanas se paralizo por falta de materiales? ¿Y qué, si debe suministrar los medios de vida que su núcleo no puede esperar?

Evidentemente incurre en angustia creciente cada nuevo día que llega. El sufrimiento se apodera de su espíritu, y no sería extraño que cambie su temperamento y empiece a manifestar agresividad.

Entramos en una nueva y peligrosa experiencia, con los brazos cruzados y en total impotencia. Las redes sociales tienen ahora una obligación de infundir esperanza, recordando que no hay mal que dure cien años.

Difícil tarea para la Autoridad. Si no es rígida y firme en las prohibiciones, la enfermedad puede afectar a más habitantes. Con ayuda de la clase médica y expertos científicos, en acuerdo con los alcaldes conocedores de las necesidades de cada cantón, una flexibilización se tornaría útil y necesaria.

Pensemos: quienes atienden a los afectados con el virus -médicos y personal de hospitales- están arriesgando su propia vida. Los militares y policías trabajan en horarios de agotamiento, vigilando que se cumplan las prohibiciones.

En su homenaje y de todos los ciudadanos, eliminemos el mal uso de las redes sociales.

Nunca hemos padecido un episodio como el que estamos atravesando, pues no se limita solo a una enfermedad sino a la pérdida de la vida misma.