Diego Araujo Sánchez

Los cuadernos de la corrupción

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Son ocho cuadernos de espiral y cuadros. En ellos Óscar Centeno, chofer de Roberto Baratta, hombre de confianza de Julio De Vido, el poderoso ministro de Planificación de los Kirchner, escribió en líneas apretadas un minucioso registro con fechas, direcciones, nombres, montos y movimientos de funcionarios y empresarios y los recorridos en un auto con su jefe para recoger y entregar bolsos repletos del dinero que provenía de los sobornos por obras públicas. Centeno llevó el diario desde 2005 durante un lustro, lo interrumpió por tres años tras la muerte de Néstor Kirchner en octubre de 2010; pero lo retomó en mayo de 2013 hasta noviembre de 2015.

Esos cuadernos muestran una red para recaudar las coimas de las empresas a las cuales el Ministerio de Planificación había adjudicado millonarias obras públicas, sobre todo en energía y construcción. Los montos eran determinados por Kirchner y De Vido. Cada semana Baratta recibía sus órdenes directas para recoger el dinero, que se entregaba en contante y sonante al presidente o a sus secretarios privados en la quinta presidencial de Olivos o en la casa de los Kirchner.
Los cuadernos llegaron a las manos de un periodista de La Nación en enero de este año y, después de escanearlos y una paciente constatación por parte de un equipo de investigación del diario, se entregaron las copias a la justicia. Seis detenidos, dos prófugos, 18 exfuncionarios llamados para la indagación fiscal, entre quienes se halla Cristina Kirchner, son la primera secuela del escándalo.

No faltará quien atribuya todo a un montaje del actual Gobierno, a una confabulación de los medios de comunicación y la justicia. La persecución política es el discurso repetido con el que algunos tratan de justificar la corrupción de los gobiernos autoproclamados “progresistas” en Venezuela, Nicaragua, Argentina o en nuestro país. Todo está movido por el imperialismo gringo para acabar con esos gobiernos, añaden. Sin embargo no pueden tapar el sol con un dedo. Los hechos son apabullantes. El poder omnímodo del caudillo populista, sin un control democrático confiable, produjo un estallido de corrupción.

Como en Brasil la operación Lava Jato dejó al descubierto los tentáculos de la corrupción de Odebrecht en países de América Latina, los ocho cuadernos son otra evidencia de la descomunal corrupción kirchnerista en Argentina.

Como una secuela de este caso en nuestro país, el exalcalde de Quito Roque Sevillla pregunta: “¿No sería bueno que demos plazo al Municipio y al Gobierno para que retiren el monumentos de Néstor Kirchner o vamos los quiteños y lo tumbamos?” Y yo añado si no debemos exigir de la Asamblea Nacional que retire la condecoración “Manuela Sáenz” que Gabriela Rivadeneira entregó a Cristina Kirchner.