Milagros Aguirre

Crowdfounding

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Jueves 05 de septiembre 2019

Hay una diferencia entre el crowfounding y lo que parece que estaban haciendo en Alianza País, funcionarios del más alto rango durante varios años. El crowdfunding o micromecenazgo, en español, consiste en una red de financiación colectiva, que a través de donaciones económicas, consiguen financiar un determinado proyecto a cambio de recompensas, participaciones de forma altruista y desinteresada. Gracias al crowdfunding se hacen buenas obras sociales, casi siempre solidarias, o se financian interesantes proyectos incluso, proyectos personales, artísticos, individuales o colectivos.

¿Qué de extraordinario puede tener el hacer una lista de donantes para un fondo solidario?, se preguntan muchos, luego de ver en los noticieros a la señora L.T. dibujando en un papelógrafo el esquema del sistema de ingresos, aportes y destinos de esos aportes voluntarios a las arcas del partido con la venia de sus más altos dignatarios. El problema es saber -y probar-si eran aportes voluntarios, si eran obligaciones militantes, si eran contribuciones atadas a la esperanza de conservar el cargo, si eran donaciones a una causa o si eran donaciones con piola, a la espera de la adjudicación de un contrato. No. No es lo mismo que un crowdfunding. Pero tampoco basta el esquema de recaudaciones ni si eran para un fondo solidario de los militantes de una tienda política para probar sobornos, o chantajes. Ver a la señora L.T. haciendo números, poniendo códigos, reportando las cuentas no tendría nada de particular: alguien tiene que dedicarse a ello, a anotar los aportes para una tienda política y registrar lo que entra y lo que sale. Hasta ahí, todo normal. Lo que ya no es muy normal es que las platas lleguen en sobres cerrados, en efectivo, que sean grandes sumas de dinero, que las entreguen las grandes empresas que luego tienen grandes contratos, que los aportes vengan de los descuentos que se hacían de los altos salarios que ganaban muchos funcionarios para lo cual se elevaban las partidas de gasto público proveniente del presupuesto del Estado, lo que sería una ganancia por partida doble.

Ver a la señora P.M. señalar a sus ex jefes, pedir perdón y lloriquear es penoso. Tan penoso como saber que para muchas de las empresas del país ha sido normal entregar dinero por fuera de sus contratos, comisiones, colaboraciones voluntarias (con piola), sin chistar, sin denunciar, como la cosa más normal del mundo. Tan normal que muchas de ellas siguen siendo contratadas.

Que parezca lo más normal del mundo vender y comprar información pagando grandes sumas, meter ‘pendrives’ en el agua, llevar cuadernos por si las moscas es penoso.

No. Las recaudaciones y aportaciones a ese nivel no pueden ser tratadas como el crowdfunding, como hacer vaca para salir de fiesta o participar de un hornado solidario.

maguirre@elcomercio.org