Sebastián Mantilla

Crimen organizado

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Miércoles 12 de octubre 2011
12 de October de 2011 00:01

La presencia del crimen organizado se hace cada vez más evidente en Ecuador. La detención en días pasados del comandante de la Policía de Esmeraldas, Galo Carrera, por supuestos vínculos con una banda de narcotraficantes, es un claro indicador de cómo el crimen organizado ha penetrado en nuestro país.

De acuerdo a la información de la propia Policía Nacional, casos de vínculos de oficiales o tropa con organizaciones criminales, especialmente narcotraficantes, datan de 1999. Desde esa fecha, se han dado al menos 12 casos en los cuales elementos de la Policía han participado en hechos delictivos de narcotráfico, extorsión, tráfico de armas e incluso ejecuciones extrajudiciales. Preocupa también que, al igual que en Colombia y México, narcotraficantes y sicarios estén siendo dirigidos por ex miembros de la fuerza pública.

Estos hechos, así como la presencia de bandas internacionales dedicadas al tráfico de personas, armas, lavado de dinero, entre otras, nos muestran que el escenario de la seguridad ha cambiado. Y ha cambiado no solo porque tenemos en el Ecuador la presencia de mafias internacionales con ingentes recursos, información y tecnología sino porque nos hemos convertido en un espacio único para la proliferación de actividades criminales.

La corrupción campea a todo nivel. La Policía está debilitada. El poder Judicial atraviesa por una de sus peores crisis. Las leyes favorecen la libre circulación de personas. El lavado de dinero ha aumentado a vista y paciencia de autoridades e instituciones financieras. Se añade la inexistencia de políticas públicas y acciones de coherentes para combatir a las bandas criminales.

En los próximos días la Asamblea Nacional va a tratar el Código Orgánico de Entidades de Seguridad Ciudadana. Hay varios aspectos importantes y novedosos que se incorporan en este proyecto de ley. Sin embargo, considero que muchas de estas reformas, especialmente a nivel de la Policía, deben ser analizadas con profundidad con el fin de que los cambios propuestos no terminen siendo un remedio que es peor que la enfermedad.

El Gobierno Nacional, luego de que han transcurrido más de cuatro años de gestión, debe mostrar resultados concretos. El crimen organizado no espera.

Esto no se logra metiendo las manos en la justicia, reformando a medias las instituciones de la seguridad como la Policía y Fuerzas Armadas. Esto pasa por la comprensión clara de la situación, promoviendo leyes que realmente valgan, diseñando políticas públicas de seguridad coherentes y sobre todo con voluntad política. No sé cómo se puede lograr cuando tenemos un Presidente que habla de otorgar amnistía a delincuentes y criminales.