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Sábado 01 de octubre 2011
1 de October de 2011 00:01

Desde hace algunos meses, la ciudadanía, con el ánimo de presentar una alternativa de gobierno para las próximas elecciones presidenciales, busca organizarse y reconoce que, en vista de la indudable fuerza que aún tiene el presidente Correa, es indispensable  estructurar un sólido frente unificado con el común propósito de restablecer en el país los valores tradicionales de la fraternidad, vigencia de la norma de derecho, libertad y democracia. Algunas agrupaciones políticas están trabajando para conseguir su reconocimiento por parte de la autoridad electoral.

Todos aceptan la necesidad de buscar acuerdos básicos que faciliten el trabajo solidario en defensa de principios fundamentales; defienden la justicia social que debe privilegiar a los más pobres y olvidados; reclaman mejores oportunidades para progresar; reconocen la necesidad de contar con instituciones serias que ejerzan el servicio público con honradez y eficiencia; quieren sentirse orgullosos de un Ecuador cordial en lo interno y respetado en todo el mundo; esperan que la alternabilidad en el poder sirva para enmendar errores y responder a la voz del pueblo.

  Y todos proclaman, junto con Jorge Enrique Adoum, que creen en el Ecuador, que creen en la posibilidad de ese Ecuador multicultural y unido, multirregional y unido, diverso pero unido, que auspicia y protege la expresión de ideas distintas sin satanizarlas. Todos reconocen que se trata, en suma, de creer y crear el Ecuador amable y generoso con todos.

  Me ha impresionado favorablemente una iniciativa orientada a organizar un movimiento llamado CREO. Me parece que sus promotores no podían haber escogido un nombre mejor.  
 
“Creo” es el verbo con el que se expresa, en primera persona del singular, la fe en la patria permanente, la fe en la dignidad de todos los seres humanos, la posibilidad de un futuro mejor, la fe en el imperio del derecho y de la justicia, la esperanza de la juventud que desea estudiar, trabajar y crear oportunidades, y la auténtica posibilidad del sumak kawsay. Pero, además, “creo” es -también en primera persona del singular- el acto de crear, de comprometerse individualmente a trabajar por una causa común, es la negación de la indiferencia y el llamado al trabajo solidario, es participar y contribuir. Es el recuerdo de la minga antigua y tradicional y la expresión de la propia capacidad para cambiar al mundo. 

Con el “creo”, todo ecuatoriano proclama su fe y, al mismo tiempo, su compromiso. Con el “creo” se avizora un llamado a la fraternidad y  solidaridad, un renovado voto por la libertad y la democracia. ¡Bien escogido el nombre para luchar por el cambio ! Ojalá cada ecuatoriano, parodiando a Descartes, pudiera encontrar la ruta de la reconciliación y el progreso proclamando “Creo,  luego existo”.
jayala@elcomercio.org