Ileana Almeida

El Coraza es el Sol

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Miércoles 07 de agosto 2019

Es común pensar que el personaje del 'Coraza de Otavalo' tiene influencia de la cultura quechua, traída por los incas a la jurisdicción del actual Ecuador. Pero no es así: responde a una tradición anterior al incario, y se extendió desde Pasto hasta Otavalo. Los incas no llegaron a establecerse en esa zona y a la llegada de los españoles no habían alcanzado a imponer sus creencias y su lengua.

El dios Sol (Inti) del Tahuantin Suyo, fue asimilado al poder del Inca y se lo impuso desde el Estado a todos los territorios ocupados.
El Inti, que se fue convirtiendo en el concepto abstracto de ley, demandaba la obediencia incontestable de todos los habitantes. Las creencias de los pastos y otros pueblos de la Sierra norte de la Real Audiencia de Quito eran una forma de reflexión imaginativa sobre un ser sobrenatural parecido al hombre, que velaba por las buenas cosechas y la gente de los pequeños señoríos que poblaban los alrededores del lago de San Pablo.

En el estudio del semiólogo colombiano Oswaldo Granda El Sol de los Pastos se puede apreciar que la estrella de ocho puntas constituye una representación del Árbol del Mundo y que los personajes solares lucen grandes pectorales de oro.

En el ritual del Coraza subyace el mito del sol ciego, tema arcaico en casi todo el mundo. El vínculo del sol con el ojo y el oído aparece en varias culturas y está difundido entre los pueblos de América Central.

El Coraza, nombre que recibió de los españoles, tal vez se haya originado en referencia al pectoral que portaban las representaciones del sol entre los pastos y quillasingas. El Coraza se esconde bajo una máscara que cubre más de la mitad de su rostro, incluyendo las orejas; la careta se elabora a base de cuentas colgantes con apariencia de piedras preciosas, conformando una especie de velo espeso que impide apreciar los rasgos del personaje, que no puede ni ver ni oír, de ahí que siempre vaya escoltado por ayudantes.

Sin embargo, tiene movimiento y el simbolismo de su traslación se refuerza porque va a caballo. El jinete, engalanado con llamativo traje y tocado de plumas y piedras de colores que aluden al brillo del sol, cabalga resplandeciente.

Hasta hace unos cincuenta años, el rito conservaba otras características que se han ido perdiendo.

El Coraza se desplazaba de este a oeste, como el sol por en el cielo, en la comunidad de San Rafael, antiguo centro político principal de Otavalo. La concurrencia solía arrojarle piedritas como una forma de enviarle sus ruegos. La fiesta se celebraba el 21 de agosto en agradecimiento de la buena cosecha del maíz, la planta sagrada por excelencia en toda América.

Empero, desde hace décadas, algunos traficantes no indígenas se han apropiado de la cabeza ceremonial del personaje para alquilarla a los priostes del festejo anual de la comunidad, pero en aras del negocio turístico irrespetando su significado cultural.