Jorje H. Zalles

Convicción democrática

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Miércoles 11 de noviembre 2020

Lo que más claramente veo en el aún inconcluso drama de las elecciones en EE.UU. es la línea divisoria fundamental, que no es entre Biden y Trump o entre los que votaron por uno u otro, sino entre quienes somos y quienes no son convencidos demócratas.

Me enfoco en 4 personajes, 3 norteamericanos y un boliviano.

George W. Bush fue el republicano que precedió a Barack Obama en la Casa Blanca. Mitt Romney, actualmente Senador, fue el candidato republicano que enfrentó a Obama en las elecciones de 2012. John Bolton, republicano conservador, convencido opositor del acuerdo firmado por el gobierno de Obama y Biden con Irán, fue el asesor de seguridad nacional de Trump. Son los tres prominentes republicanos, opositores a Biden, que primero lo han felicitado, han reconocido la legitimidad de su triunfo, y han instado a Trump a hacer lo mismo y a honrar las disciplinas de la democracia.

Salvador Romero Ballivián es el presidente del Tribunal que organizó y dirigió el reciente proceso electoral en Bolivia. Académico y asesor de procesos electorales de reconocido prestigo internacional, asumió con valentía la titánica tarea de restaurar el orden y la eficacia de un sistema electoral que había sido terriblemente manoseado durante más de una década, y navegó con inteligencia y serenidad las múltiples dificultades que enfrentó, construyendo consensos efectivos. Bajo su dirección, Bolivia vivió un proceso democrático ejemplar, cuya validez no debe ser ni será empañada por irresponsables gritos de “fraude” de parte de descalificados perdedores concentrados en Santa Cruz.

Bush, Romney y Bolton están a millas de distancia del presidente electo Biden sobre muchos temas políticos, pero están junto a él en la defensa de la integridad del proceso democrático. Para Salvador Romero, el tema, el único tema, es la integridad del proceso democrático. Y el primer reto que nos dejan estos dos recientes procesos electorales es darnos cuenta de que antes de si gana uno u otro candidato está la integridad (o no) del sistema democrático, la cual puede ser puesta en riesgo con enorme facilidad si nosotros, quienes hacemos las sociedades civiles de nuestros países, no estamos dispuestos a defenderla y fortalecerla.

Honro el accionar de estas cuatro figuras públicas, quienes, los tres primeros desde la oposición y el cuarto desde la función electoral, han sentado ejemplo de cómo opera esa convicción. E invito a que seamos conscientes de que no les toca solo a ellos. Nos toca a todos definir de cuál lado estamos de esa línea divisoria fundamental, y si es real nuestra convicción democrática, ser coherentes con ella en todas nuestras actitudes y todos nuestros comportamientos. La señora no puede estar un poco encinta, y nosotros no podemos, o mejor, no debemos, ser solo un poco demócratas.