Benjamín Rosales

Convenio del Mar

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Lunes 17 de octubre 2011
17 de October de 2011 00:02

Fue extraordinario el trabajo que realizaron diplomáticos del mundo en las sesiones de la III Conferencia del Mar de las Naciones Unidas, entre 1973 y 1982, para lograr uno de los acuerdos más importantes del mundo, la Constitución del Mar.

El lunes pasado fui convocado por la Comisión de Soberanía y Relaciones Internacionales de la Asamblea para opinar sobre la aprobación por parte de Ecuador de esta fundamental legislación a la que se han adherido hasta ahora más de 160 países. Tuvimos el honor que nos precediera con su lucida palabra el Dr. Luis Valencia Rodríguez, nuestro representante en las complicadas negociaciones donde se logró que la Convención reconociera a los estados ribereños soberanía para los fines de exploración, explotación, conservación y administración de todos los recursos de los fondos, lechos y subsuelos, incluyendo aquellos de producción energética, en las 188 millas de zona económica exclusiva, adyacente a las 12 millas de mar territorial.

Esa fue la intención de Chile, Ecuador y Perú cuando subscribieron la Declaración de Santiago y el Convenio de Lima en 1952 y 1954, impedir que extranjeros exploten recursos sin autorización en las 200 millas. Pero la Convemar va mucho más allá. Reconoce la existencia de aguas interiores como las del Golfo de Guayaquil, derechos sobre la plataforma continental que sobrepasa esa área como la que se extiende entre las Islas Galápagos y el Continente. Determina que en la Zona, que es el inmenso espacio fuera de las 200 millas, más de la mitad del globo terrestre, los recursos que existan le pertenecen a la humanidad y sus beneficios van a todas las naciones, no solo a las empresas de países que tengan tecnología para explotarlos. Los estados al adherirse tienen derecho a hacer declaraciones que compaginen sus legislaciones internas con esta universal, y Ecuador deberá hacer las correspondientes tal como afirma el Dr. Valencia.

Son pocos los países que no aprueban aún la ley: Colombia y Venezuela tienen que fijar su límite marítimo en el golfo frente a la Guajira; en EEUU hay legisladores que aún rechazan que sus empresas no puedan explotar el mar a su antojo; en Perú y El Salvador, al igual que en Ecuador, han primado razones políticas para demorar la aprobación, se ha temido la demagogia patriotera que se opondría al cambio de denominación de las 188 millas, aunque esta nunca pretendería impedir la libre navegación o el tendido de cables, única y sutil diferencia con mar territorial, donde tampoco se imposibilita el paso inocente de naves.

La Asamblea debe aprobar la Convemar, y al hacerlo, rendirle un especial homenaje al Dr. Valencia, su principal gestor .