Simón Espinosa Cordero

La contundencia del cinismo

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Domingo 10 de enero 2021

El Día de la Conmemoración de la visita de los Reyes Magos al Niño Jesús, el jueves 6 de enero del año 2021, en una mañana fría, metidos en cama, escuchamos una entrevista a un ferviente discípulo del maestro Rafael Correa Delgado.

Gran entrevistador, gran entrevistado, candidato a la gran Asamblea Nacional de 2021. Él y Abdalá derramarán sabiduría en el recinto donde nacen leyes. “Cristal, oro y rosa. Alba en Palestina./ Salen los tres reyes de adorar al Rey, / Flor de Infancia llena de una luz divina,/ que humaniza y dora la mula y el buey.” Baja la temperatura un grado. Subimos el edredón a la altura del cuello. Tiritamos. Cual un Manolete en tarde de toros ventosa y maldita devuelve entero el astado a los chiqueros, todo orejas intactas, todo lomo reluciente, todo rabo latigante, no de otra suerte nuestro gran entrevistador devuelve al entrevistado, todo gran cinismo, a los oídos, a la estima, al juicio de los oyentes que se dicen “No pudo con él. Y es que no es raro que el cinismo triunfe sobre la verdad. El toro es bravo, inteligente, de buena dicción, de discurso corrido y redondo, agradable voz ribeteada de complacencia, autoridad, y un dejo de yo soy superior. Preguntado de dónde sacará el candidato a la Presidencia del maestro Rafael los millones de dólares que ofrece a los ecuatorianos sin trabajo y a las ecuatorianas con hambre, responde muy seguro: - De los millones de dólares guardados en Ginebra, Suiza.

¿De qué dólares, me habláis, hermano? Por qué no pruebas tu aserto con documentos, y aun si fueran ciertos esos dólares de la lechera del Cántaro, creéis que todo es soplar botellas y traerlos a Ecuador. A no ser que sean dólares de Rafael o del candidato correísta que va a regalarlos a los pobres de nuestra tierra, cosa esta última difícil de creer porque hasta al ladrón arrepentido le suele ser difícil devolver todo lo robado. Los confiscará, probablemente, porque en Ecuador hay una larga tradición de ser generosos con los dineros públicos. El señor coronel Chávez creía que el Estado venezolano era dueño de todo el país, y de todos, toditas, pues señalaba con el dedo lo que él quería: esta bella mansión, este piafante caballo, esta empresa privada, esta fábrica de chocolates, porque el gran dictador que nunca callaba, convencido estaba de que Simón Bolívar lo mira y lo aplaude.

Ante la pregunta si el nuevo presidente indultará a Correa, responde que no hace falta, pues ya todo el mundo sabe que el asunto entero fue pura artimaña política. Habla de que, en los debates, los opositores son tan solo adversarios y no enemigos y a renglón seguido deja en la lona al presidente Lenin con claro nocaut. Y, en fin, afirma que en la campaña cuando sabe el pueblo que son correístas, los aman y abrazan y hasta les regalan naranjas. Lo cual puede ser verdad.
Por todo esto, quienes tienen plata huirán a Egipto como el Niño Jesús, su madre y José.