Jorje H. Zalles

Una controversia insoslayable

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Miércoles 06 de enero 2021

Ha surgido una dura controversia en torno a declaraciones públicas hechas a fines del año anterior por un querido amigo, exrector de la Universidad San Francisco de Quito. Callar ante ellas sería otorgarles validez que no creo que tienen. Me desagrada discrepar públicamente con un amigo a quien valoro altamente, pero pesa más que esa amistad mi compromiso con las ideas liberales que siempre he defendido y con la posibilidad de encontrar terreno común para el diálogo y la construcción de consensos. Por ello, expreso mis rechazos, y afirmo que a mi juicio las expresiones que rechazo no son representivas de la mayoría de quienes discrepamos con el pensamiento marxista-leninista-socialista del siglo 21.

Rechazo describir a nuestros opositores socialistas, como “estúpidos”, “tarados” y “faltos de neuronas”. Reclamo para ellos el mismo derecho a la dignidad y al respeto que hemos reclamado siempre, por ejemplo cuando Rafael Correa nos descalificaba en términos análogos. Creo, sí, que es válido pedirles que acepten las evidencias de la disfuncionalidad de sus ideas, pero no por ello justifico faltarles al respeto.
Rechazo la noción de que hoy en día “prácticamente no hay pobres”. Coincidiendo con que la pobreza desaparece cuando se crea riqueza, y reconociendo que la pobreza se ha reducido en muchos lugares del mundo, sigue siendo una lacerante realidad para miles de millones de seres humanos contra la cual es factible que trabajemos y es nuestra obligación moral hacerlo juntos desde orillas ideológicas opuestas.

Rechazo la noción de que no es nuestra … de todos nosotros … la responsabilidad solidaria de tratar de asegurarle una buena educación a un niño “en los arrabales de Guayaquil o los páramos de la Sierra”, y rechazo también la noción de que el Estado es un “ladrón” por cobrarnos impuestos para tratar de dársela. No me meto en el pantano de si esa educación es o no “un derecho”: simplemente veo que como sociedad debemos procurársela, ojalá por “corazón” y generosidad de espíritu, que en alguna medida sí existe, y en cuanto ésta es insuficiente, como en efecto lo es, a base de la acción estatal financiada con el pago de impuestos.

Vuelvo a extender la mano, desde mi perspetiva declaradamente liberal, a socialistas y otros que se oponen a esa mi perspectiva: más allá de nuestras diferencias, hay mucho que muchos de lado y lado tenemos en común, incluidos el compromiso con reducir la pobreza material, con ampliar y mejorar la educación, con eliminar los abusos en casi todos los ámbitos. En todo eso debemos y podemos trabajar juntos, de buena fe, sin descalificarnos, sin tratar de ver si “ganan” usstedes los socialistas o “ganamos” nosotros los liberales, sino más bien buscando con honestidad, y no como un eslógan, el bienestar humano a nuestro alrededor.