Ivonne Guzmán

Contra la indigencia moral

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Miércoles 01 de noviembre 2017

Merecemos un bombazo que nos borre de la faz de la Tierra. Algo horrendo que arrase con esta indigencia moral y deje vacantes esos 283 560 kilómetros cuadrados que hoy ocupamos. Porque visto lo visto, a los ecuatorianos no nos conmueve ni importa nada.

Abusos sexuales a niños (por cientos, durante años, a vista y paciencia de los administradores estatales a los que los padres de esos mismos niños les pagan los sueldos); funcionarios pasando vacaciones en la cárcel; feminicidios a granel (cada 53 horas una mujer es asesinada violentamente en esta isla de paz); marchas multitudinarias que abogan por la supresión (sí, están leyendo bien: supresión) de derechos humanos; millones de dólares que tendremos que volver a pagar para que ahora sí se construyan bien las edificaciones mal construidas; pillos de toda calaña que saldrán a disfrutar de la plata robada luego de un par de años en la cárcel, porque no les obligan a devolver lo robado y quedan impunes; destituciones de cargos que ya no se ejercen hace años (por obra y gracia de la lógica leguleya y una falta de sentido común espeluznante); y tantos etcéteras que da grima.

Dormidos o despiertos esta pesadilla, que al 99.9% no le produce ni un pestañeo, parece no tener fin. Si Dios existe, yo solo le pido que, una vez que haya terminado con nosotros, nos reemplace con una sociedad que obedezca estos mandamientos que vienen a continuación y son el resultado de un Congreso Nacional Indígena Zapatista. Los leí en el Centro Cultural Metropolitano, en el marco de la exposición La intimidad es política, que acaba de cerrar este fin de semana.

Se ve que ni un solo político ecuatoriano se dio la vuelta por esa sala del CCM o si se la dio, con su consabida sangre de horchata, no le hizo ni chana ni juana. Como dice un amigo refiriéndose a la mayoría de ellos: es que no son ni animales, son minerales.

Ojalá algún día en esta parcela hoy llamada Ecuador –cuando todos nosotros, con nuestras mañas y nuestra impiedad, dejemos de ser un obstáculo– alguien empiece a aplicar estos principios o mandamientos, a ver si así finalmente es posible vivir como gente:

1. Obedecer, no mandar. 2. Representar, no suplantar. 3. Proponer, no imponer. 4. Servir, no servirse (¡que alguien les haga entender!)*. 5. Bajar, no subir. 6. Unir, no dividir. 7. Construir, no destruir (ni construir con sobreprecios y encima mal)*. 8. Revelar, no ocultar. 9. Defender, no vender. 10. Entregar la vida, no quitarla. (*las ideas entre paréntesis son de mi cosecha).

Mientras llega el apocalipsis que nos merecemos, tratemos de aplicar los principios de arriba. O al menos mostremos que algo de sangre en la cara nos queda y espabilémonos: es espantoso este estado de postración e indigencia moral en el que nos encontramos. Un poquito de amor propio, por favor.