Antonio Rodríguez Vicéns

La Constitución Pajarera

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Martes 14 de agosto 2012
14 de August de 2012 00:01

Nunca había encontrado una razón fundamentada y sólida, confiable y convincente, que me permitiera explicar por qué los asambleístas de la ‘revolución ciudadana’ en Montecristi, a pesar de haber sido tocados por una varita divina que les permitía desentrañar los más recónditos secretos de la difícil y abstrusa ciencia jurídica, a pesar de sus mentes lúcidas, sus corazones ardientes y sus manos limpias (según el lema de la Cheká bolchevique), elaboraron como Constitución (algún nombre había que darle) un auténtico mamotreto, incoherente y contradictorio, con redacción escolar y pedestre, plagado de novelerías cercanas a la tontería, reglamentario y, no obstante, con innumerables vacíos.

Mi perplejidad creció con la lectura de los elogios de nuestro docto y sabio dictador (sin entender de qué hablaba, como parece ser su costumbre) a ese bodrio ‘revolucionario’, que había sido elaborado con “madurez política sin parangón en la historia republicana”, en “un canto plural”, y que constituía el “acta de nacimiento de la Patria Nueva, altiva, soberana, solidaria, equitativa”. “Cada palabra, cada concepto, cada uno de sus artículos ha sido desarrollado, ha sido redactado como un canto plural, colectivo, democrático y participativo”. ¿Cómo no rendirme, en mi ignorancia jurídica, enterrando todas mis dudas y críticas, ante este bello canto apologético, retórico y cursi?

Pero como esas dudas se habían empecinado en no desaparecer, al fin he encontrado una respuesta. El propio ´buen dictador’ nos ha dado una profunda explicación sobre el aberrante resultado del ‘canto plural’ de sus asambleístas. “Estaban soñando en pajaritos preñados, rosados”, ha afirmado, quejumbroso y contrito. ¡”Pajaritos preñados, rosados”! Es insultante y ridículo. Es grotesco y vulgar. Es política lumpen. Atribuir las numerosas y graves deficiencias de la Constitución de Montecristi, una de las inmarcesibles creaciones de la ‘revolución ciudadana’, a los insólitos y coloridos sueños pajareros de los asambleístas, implica además eludir su innegable responsabilidad en su elaboración, aprobación e imposición.

Un tema trascendente como la redacción de una Constitución, que establece la estructura del Estado y consagra los derechos y libertades de los ciudadanos, no puede ser analizado con simplismo y desparpajo. Las frases falsamente ingeniosas, lanzadas para el aplauso irreflexivo de la galería, nada aportan. La ‘revolución ciudadana’ tuvo en la Asamblea una amplia mayoría y preparó el texto constitucional, hasta con groseros cambios y añadidos de última hora, con total libertad. Es inconcebible que hoy, después de cuatro años, su máximo representante, en un reconocimiento de su irresponsabilidad y su fracaso, nos diga que fue elaborado por asambleístas que “estaban soñando en pajaritos preñados…”