Diego Cevallos Rojas

La conspiración

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Sábado 04 de agosto 2012
4 de August de 2012 00:03

En el mundo del correísmo la idea de la conspiración marca el discurso y la agenda. Una y otra vez el Presidente y sus seguidores advierten que intereses oscuros, léase imperialismo, partidocracia, oligarquía o infantilismo de izquierda, están sempiternamente detrás de la disidencia y de las críticas que les hacen. Son los conspiradores contra la revolución. Se trata de un discurso efectista, pero falaz.

La lógica conspirativa desemboca en fe. Toda disidencia se explica así. Hay revolución y contrarrevolución, lucha entre el bien y el mal. No hay más vueltas que darle. Los críticos son movidos por fuerzas malignas.

El filósofo Karl Popper describió este tema en ‘Las sociedades abiertas y sus enemigos’, donde describió cómo se justificaban los regímenes totalitarios. Usando la “teoría conspirativa”, gobernantes simplificaron la historia y se enfrentaron con furia a opositores. Asesinaron y acallaron a millones de personas.

Las teorías conspirativas no requieren demasiada elaboración. “La lógica conspiratoria no proviene de la curiosidad sino de la confianza; no se alimenta de dudas sino de certezas. El conspiratista sabe que el mundo está controlado por los poderes malignos y que todo, a fin de cuentas, es percusión de sus resortes”, señala el politólogo mexicano Jesús Silva-Herzog.

Pero la conspiración casi siempre se desmonta al observar detrás de bastidores, al abrir los ojos ante evidencias, escuchar con atención, sopesar puntos de vista diversos, estudiar experiencias ajenas y en fin, al emprender con mediana rigurosidad investigaciones dirigidas a sacar conclusiones. No es que no existan las conspiraciones, pero sí que son escasas y están dibujadas en negros, blancos y grises.

En casi todas las intervenciones de Correa surge alguna referencia a la conspiración. Para él, la oposición se reduce a eso. Su lógica es similar a la usada por sus colegas Chávez, Morales y Ortega. Los conspiratistas acostumbran llevar la “estridencia al máximo y reducir la evidencia al mínimo”, recuerda Silva-Herzog.

La idea de la conspiración explica tramas imposibles. El 11-S, por ejemplo. Según teorías de este tipo, gobierno, congresistas, CIA, FBI, etc., todos (casi una multitud) se coludieron para generar los atentados. En lo local, podría mencionarse la versión de algunos correístas: hay citas secretas contrarrevolucionarias. En uno y otro caso, nadie sabe dónde ni cuándo se urdieron tales conspiraciones y ninguno de sus muchos participantes filtró información. Es que no las hubo.

Pero eso no importa. Siempre se puede decir que los críticos responden a fuerzas malignas concertadas contra la revolución. La teoría conspirativa calza muy bien a regímenes autoritarios.