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La Comunidad Judía

Quito, para cumplir la resolución decretada por la ONU, conmemoró el Día del Holocausto. Asistieron a la solemne ceremonia presidida por el Vicepresidente de la República, Lenín Moreno, distinguidas personalidades, incluso diplomáticos y la comunidad judía en Quito, dirigida por su rabino, que imploró la eterna bienaventuranza para los seis millones de víctimas del genocidio desatada por la vesania nazi.

Entre los asistentes, valetudinarios pero enhiestos de espíritu, se pudo ver algunos sobrevivientes de los campos de concentración que lograron salvarse. Ellos participaron en el ya ritual acto, siempre emocionantes, de prender seis luces en cada una de las puntas de la simbólica Estrella de David, una por cada millón de judíos asesinados durante el Holocausto. Fue un acto en memoria de los mártires, exento de venganza y odio, pues rige la suprema norma fielmente cumplida: “¡Perdonar, sí; pero no olvidar!”.

En aquel acto, realizado en el hemiciclo de la Flacso, tuve el agrado de encontrar a mi antiguo amigo, colega en el BEV y miembro de su Directorio, Arq. Manuel Grubel, nacido en Quito de padres de inmigrantes, varias veces presidente de la Comunidad Judía en el Ecuador, alto funcionario en organismos públicos nacionales e internacionales y vocal del Instituto Cultural Ecuatoriano-Israelí que tuve el honor de presidir. Debíamos haber conversado sobre tantas cosas, pero lo impidió el riguroso orden del día de aquella sesión, y el intercambio se redujo a la buena noticia de la aparición de otro libro, que me promete enviar, ‘Ecuador, destino de migrantes’.

Su promesa, cumplida día por medio, me permite referirme a él de inmediato, pues se trata de una auténtica ‘Biografía de la Comunidad Judía del Ecuador’, según indica el subtítulo. Son casi 300 páginas de grande interés, que se leen de corrido, hasta terminarlas. Tras grandes síntesis sobre la historia de Israel, ya en la Tierra Prometida, codiciada por todos los imperios durante más de 2 000 años, la Diáspora y las persecuciones que sufre hasta el Holocausto, Manuel reseña la historia de la migración judía al Ecuador, sus dificultades y prejuicios -han sido raros los casos de discriminación y antisemitismo- hasta su acogida y definitivo asentamiento como miembros útiles y progresistas, bajo los diversos Presidentes, en especial José María Velasco Ibarra y Galo Plaza Lasso.

El libro, ameno y bien escrito, pasa revista en breves párrafos a la destacada obra de los migrantes judíos que beneficiaron al Ecuador con extraordinarias realizaciones de progreso, industrias, librerías, grandes almacenes como Mi Comisariato y un largo etcétera. ¿Quién no concurre ahora, por ejemplo, a la estupenda Casa de la Música, legado de los esposos Neustaetter? ¿Quién no recuerda a Anker, Annhalzer, los Di Capua, Fish, Glass, Kaplan, Liebmann, Moritz, Khon Kagan Rosenthal, Rotschild, Schiller, los Weiser?

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