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Comercio exterior

La falta de una política clara en materia de comercio exterior y la mala relación que ha mantenido el Gobierno ecuatoriano con el estadounidense, el cual está atravesando por una crisis económica-financiera con un desempleo que bordea el 10%, en mi opinión, han contribuido a que sus legisladores republicanos, contrarios a otorgar prebendas arancelarias a países del tercer mundo, no renueven la Atpdea por un año más, como anhelábamos.

¿Qué va a hacer ahora nuestro Gobierno cuando los floricultores tengan que pagar tributos de hasta un 6,80% para exportar sus productos a los Estados Unidos, los atuneros un 12,5% por el mismo concepto, los exportadores de brócoli un 14,90%, los de frutas congeladas un 14,5% y los de confecciones hasta un 16%? ¿Irá ahora este Gobierno a compensar a todos estos exportadores con rebajas en el impuesto a la renta, o los exonerará del anticipo de ese impuesto como lo ha anunciado la ministra Nathalie Cely, o se otorgarán créditos preferenciales para cierto grupo de exportadores? ¿No desfinancian esas medidas el Presupuesto General del Estado?

En lugar de gastar ingentes cantidades de dinero y de tiempo en contratar a ‘lobbistas’ en Washington y de pensar en ‘planes B’, el Gobierno debería dedicar sus esfuerzos a negociar un Tratado de Libre Comercio (TLC) con los Estados Unidos de América, con la Unión Europea y con nuestros principales socios comerciales en los demás países del resto del mundo.

Nuestros gobernantes ya saben que no pueden subsidiar a los exportadores, porque eso está prohibido por la Organización Mundial de Comercio, pero entienden que algo tienen que hacer hasta que el Gobierno del PresidenteBarak Obama, por concesión a Colombia, renueve la Atpdea (a quienes han demostrado una tenaz lucha contra el narcotráfico), hasta que el Senado de su país ratifique el TLC acordado por los ex presidentes Bush y Uribe, preferencias arancelarias que por carambola, también serían concedidas al Ecuador.

Para evitar que si-gamos pidiendo de rodillas que Estados Unidos nos renueve las preferencias arancelarias de las que gozan más de 700 de nuestros productos, equivalentes a aproximadamente 800 millones de dólares al año, reitero que es imprescindible que celebremos con ese país un TLC (con el nombre que se le quiera poner), que permita una relación comercial beneficiosa para ambas partes por muchos años; de lo contrario, el sector privado, y concretamente el exportador, estará en los apuros en que se encuentra hoy.

Para poder invertir y fomentar la exportación de nuestros productos a largo plazo, se requieren de políticas claras y urgentes en materia económica y de comercio exterior que permitan reactivar nuestra economía. Lamentablemente, hoy en día, carecemos de aquello.