Andrés Vallejo

Veto a la hipocresía

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Viernes 27 de septiembre 2019

Una mayoría de asambleístas votó en contra de la despenalización del aborto en casos de violación.
Ignoraron que Ecuador es el segundo país en América Latina en embarazo de adolescentes. Ignoraron que 17 748 niñas entre nueve y catorce años fueron violadas entre 2009 y 2016, un promedio de ocho por día. Solo 449 casos fueron denunciados a las autoridades. La mayoría de las violaciones se produjo en el entorno familiar, es decir, por padres, hermanos, parientes. Más de 20 000 niñas menores de catorce años dieron a luz entre 2008 y 2018. 718 tenían menos de diez años. En más de un 70%, las niñas gestan con infección de vías urinarias y anemia, con riesgo para sus vidas y las de las criaturas concebidas. Ignoraron que 128 niñas quedaron con lesiones físicas o psicológicas permanentes. Cuando acuden a un centro de salud reciben la amenaza de ir a prisión si interrumpen el embarazo. Ignoraron que 515 983 adolescentes, entre quince y diez y nueve años alumbraron en los últimos diez años. 128 995 sufrieron violencia sexual y fueron víctimas de una violación. 328 mujeres han sido sometidas a juicio y recluidas en prisión al solicitar atención en el sistema de Salud por abortos en curso o por partos prematuros, bajo sospecha de aborto provocado. Todas son mujeres pobres y menores de veinte años.

La violencia contra las mujeres y sus consecuencias no son solamente asuntos de justicia y respeto a los derechos humanos. La realidad reflejada en las estadísticas lo convierte también en un asunto de salud pública.

No se proponía en la reforma permitir el aborto, como muchos proclamaban en sus irresponsables y desenfocadas campañas, -un religioso amenazaba con juicios celestiales y terrenales-. Proponía despenalizar el aborto cuando las mujeres conciban como consecuencia de una violación, en la mayor parte de los casos perpetrada por sus padres, hermanos y parientes. Para impedir que miles de niñas y adolescentes acaben en la cárcel además de tener traumas para toda la vida, y obliga a denunciar a los violadores, que con la negativa seguirán paseándose libremente.

Esos mismos asambleístas que ignoran aspectos fundamentales y sensibles, aprobaron, en la misma sesión en que condenaban a las niñas violadas, mayores sanciones para quienes maltraten a los animales, para los que promuevan peleas de perros. Muy preocupados por los animales, mientras sentencian a mujeres agredidas y violadas.

Ante la insensatez, irresponsabilidad y alta dosis de hipocresía con que actuó la mayoría de asambleístas; ante la ceguera y el fanatismo, solo queda el camino del veto del Ejecutivo, que sin abrir la puerta indiscriminadamente y obligando a denunciar a los violadores, proteja a mujeres indefensas de las consecuencias del abuso y de la violencia, evitándoles un futuro marcado por daños físicos y psicológicos que les afecten irreversiblemente y que marquen también la vida del niño concebido en esas condiciones.