La impunidad no se negocia

Tienen razón quienes plantean que no haya persecución política, que se respete el debido proceso, derecho a la defensa, aplicación del principio de inocencia, aunque eso debiera ser una conducta permanente en una sociedad democrática. Cuando convocan a la paz y a la reconciliación con respeto a los Derechos Humano; que debe haber un trato como adversarios y no como enemigos, que tiene que ponerse fin a las revanchas y persecuciones. Tienen razón, pero no tienen calidad moral para reclamar con cinismo porque ellos hicieron tanto daño y amenazaban si llegaban al poder o ¿ya se olvidaron tan rápido? En esta campaña, el jefe prófugo de la justicia advirtió y amenazó a medios de comunicación, “a las cámaras empresariales y todo el espectro político unidos”, pero como perdieron, cambiaron el discurso y hoy esconden la prepotencia.

Existe un refrán popular que dice en boca del mentiroso, lo cierto se hace dudoso. En cuestión de minutos se convirtieron en buenos, obligados por los resultados electorales, los que confrontaron, polarizaron, dañaron el ambiente en el país, agitaron el odio, que amenazaron hasta hace poco que “pagarán los traidores”, que “los mismos jueces se encargarán de revisar las sentencias” en contra de ellos.

Los que durante su administración persiguieron, acosaron a las libertades, pisotearon los DD.HH., criminalizaron la protesta, le metieron mano a la justicia y la usaron, hoy reclaman exactamente lo que ellos no hicieron.

Es verdad que en el país hay que exhibir magnanimidad, nobleza, grandeza, generosidad, pero con cero tolerancias a la corrupción.

No se puede negociar la impunidad. Al contrario, tiene que recuperarse lo robado. No caer en las mismas malas artes que practicaron. Eso implica que nadie, ni ayer, ni hoy, ni mañana ni nunca, ni el Ejecutivo, ni el poder político, ni los poderes fácticos ni de ningún orden, le metan mano en la administración de justicia y se deje que actúe con independencia y transparencia; que caiga todo el peso de la ley contra quienes hayan delinquido en todos los gobiernos, sin distingo ni favoritismos.

Un reconocido jurista recordaba que cuando el III Reich se rindió, el general Alfred Jodl (uno de los militares más influyentes en las decisiones de Hitler) pidió a los vencedores que sean generosos con los vencidos.

Los aliados occidentales y los soviéticos tomaron eso como un descaro, visto lo que los nazis habían hecho con sus vencidos. Conclusión: se debe ser justo, no abusar, pero no dejar pasar por alto los hechos. Tienen que ser juzgados.

Otro respetable penalista decía que no puede haber perdón ni olvido de tanto acto de corrupción con el argumento de la necesaria unidad y reconciliación nacional. Que vengan al país, enfrenten los juicios y se les ofrezca garantías, pero que se castigue y que no haya más impunidad.

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