Walter Spurrier

El lado oscuro

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Viernes 04 de octubre 2019

El descubrimiento de que dos exfuncionarios del correato venden datos personales de 20 millones de ecuatorianos, urgió al ministro Michelena a enviar a la Asamblea una Ley de Protección de Datos Personales.

Una empresa israelita descubrió la base de datos en un servidor de Miami. Los dueños del servidor no habían protegido el acceso. No solo lucran de nuestros datos, recopilados por un equipo de funcionarios públicos del que ellos eran parte, sino que por descuido, permitieron que hackers tengan acceso, y ahora nuestros datos se comercializarían también entre delincuentes.

Esta noticia dio la vuelta al mundo. Ecuador queda marcado como país que carece de seguridad digital. Según la empresa israelita, en la base constan datos del Registro civil, SRI, Biess, propiedad de vehículos. Se establecen relaciones familiares. Es posible que consten los contratos de trabajo registrados en el Ministerio del Trabajo.

Los israelitas han descubierto una segunda base de datos. Con fechas, nombres completos y otros datos, los delincuentes informáticos pueden intentar descubrir nuestras claves y entrar en archivos privados, incluso cuentas bancarias. Pueden mandar cartas a los clientes del Biess, haciéndose pasar por la institución, y pedir información privada. Ladrones y secuestradores tienen material para elaborar una lista de posibles víctimas.

Ciertos Estados también delinquen. El robo en 2016 de USD 12 millones a un banco ecuatoriano, que se transferían a un banco corresponsal, se supone lo realizó el gobierno de Corea del Norte.

Poco nos han dicho las autoridades sobre lo denunciado por los israelitas. Merecemos saber qué bases de datos quedaron expuestas. Qué acciones piensa tomar el Estado contra quienes se apropiaron de nuestra información. Qué tipo de base ha armado el gobierno sobre los ciudadanos, y con qué propósito. Un gobierno autoritario, armado de esa base más la tecnología china de reconocimiento facial, puede someter a toda la población.

Nuestra privacidad está cada vez más asediada. Microsoft, Apple y otras que desarrollan los sistemas operativos y software de las computadoras, las controlan. Son sus verdaderos dueños, nosotros solo somos usuarios. Los celulares, igual: son computadoras que permiten llamadas. El temor que el gobierno chino, a través de Huawei, pueda acceder a información de seguridad nacional, motiva las sanciones a la empresa impuestas por Trump.

Las herramientas y electrodomésticos, y próximamente automóviles sin conductor, mediante el internet de las cosas, también se convierten en computadoras que mandan información a sus controladores. Espionaje electrónico de empresas, y lo más grave, de gobiernos. Es el lado oscuro de la nueva revolución tecnológica.