Susana Cordero de Espinosa

Decisión histórica

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Martes 08 de octubre 2019

La de liberar precios de la gasolina, decisión que agradece lo mejor del Ecuador de hoy, presidido por gente decente. Merece llamarse “histórica” porque durante más de cuarenta años los subsidios populistas, contrarios a los intereses reales del Ecuador, solo beneficiaban a las mafias del transporte, ¿de dónde, si no, los broncos dirigentes de buses, camiones y taxis que pagan miserablemente a choferes sin formación, amasaron los millones que sabemos y los que ocultan? A su ansia de dinero debemos miles de muertos y baldados: ¡aberrante Correa, minúsculo individuo megalómano, les eximió de revisar anualmente sus armatostes baratos, y batimos récords en número de muertos y baldados en carreteras!

Decisión ‘políticamente difícil’, si ‘política’ y ‘político’ son populismo y demagogia, pero políticamente lúcida ‘importante y valiente’, la tomada por el presidente Moreno y sus ministros que, según el economista Augusto de la Torre, ‘tiene plena justificación fiscal, distributiva y ambiental’. Él advierte, en entrevista del domingo, que hay que mejorar la calidad de la gasolina y el diésel y así, encontrar la eficiencia del mercado energético, para competir. La refinería de Esmeraldas ‘perdería su monopolio y tendría que trabajar en un mercado abierto, obligada a ser eficiente o a cerrar’ y sugiere un subsidio directo y focalizado al transporte público, ‘como mantienen la mayoría de países en el mundo’.

Las medidas permitirán cumplir tres objetivos: ‘empleo y desarrollo económico; logro del equilibrio fiscal; cumplimiento de cuentas externas y balanza de pagos’ (estado comparativo de cobros y pagos exteriores de una economía nacional, por todos los conceptos) y llevarán al desarrollo real del sector energético. Según el economista, ‘el paquete fiscal, bien armado, arregla la situación fiscal sin dañar el objetivo de crecimiento’. Bien por el tan apreciable y apreciado ministro Richard Martínez...

Las reformas, siempre según De la Torre, ‘se quedan cortas en lo laboral’, aunque ‘es positivo renovar los contratos ocasionales con un 20% de reducción en la remuneración’, como lo es, que se retome el contrato a plazo fijo; pero ‘se debió hacer algo para reducir los costos del despido y compensarlos’, como ‘encontrar un sistema de aportes que den al trabajador, al menos, tres meses de sueldo’, lo cual dinamizaría el empleo formal. Hay que implorar a los empleadores, a las empresas, para que, con sentido humano y de patria, inviertan en sus empleados y los capaciten sin abusar de un despido fácil. Sin esta reforma, la reactivación económica del Ecuador, urgente e indispensable, se demorará.

¡Ah, la inversión privada y sus reacciones! Con la apreciación incontrolable del dólar, que nos salva de las desgracias de Venezuela y Argentina, hemos de luchar a su favor, pero sin sacrificar lo esencial: la formación exigente de ecuatorianos talentosos, tan abandonados a medio camino de sí mismos, por una educación facilista y mediocre.