Sebastián Mantilla

¿Crisis en la Asamblea?

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Miércoles 14 de noviembre 2018

La Asamblea Nacional va de tumbo en tumbo, con serias dificultades de levantar cabeza. Cuando parece que la tormenta ya ha sido superada, viene otra con igual o mayor fuerza que termina por echar abajo todo lo que se ha avanzado de manera positiva.

Desde la destitución de José Serrano, en marzo de este año, la nueva presidenta, Elizabeth Cabezas, así como el Consejo de Administración de la Legislatura (CAL), han hecho varios esfuerzos para mejorar la imagen de la legislatura, consiguiendo parcialmente el logro de este objetivo. La aprobación de varios proyectos de ley. El impulso de varias iniciativas de fiscalización. Y, hace una semana, el lanzamiento de una Agenda Nacional por la Gobernabilidad, la cual mereció el respaldo del presidente de la República, partidos políticos, gremios y sectores productivos, academia, entre otros.

Sin embargo, todo esto se empaña cuando saltan a la vista los escándalos en los cuales se han visto inmersos varios de sus miembros y cuando las acciones de autodepuración se quedan truncas. Me refiero específicamente a la falta de consenso para sancionar a las asambleístas Sofía Espín y Norma Vallejo.

El artículo 8 de la Ley Orgánica de la Función Legislativa establece que el “Pleno aprobará por mayoría simple y en un solo debate sus acuerdos y resoluciones”. Sin embargo, llama la atención que el asambleísta Fernando Flores de CREO, el cual ha sido criticado duramente por sus compañeros de bancada, haya propuesto que para poder destituir a las asambleístas en mención se necesite de las dos terceras partes del Pleno. Esto quedó claramente definido cuando en marzo pasado se destituyó como presidente a José Serrano.

Es cierto que los parlamentos en casi todas partes del mundo no tienen una muy buena imagen. De acuerdo a la firma CEDATOS, la aprobación de la Asamblea Nacional a Junio de 2018 estaba en el 33.4% y la credibilidad en la palabra de los Asambleístas en el 22.8%. No obstante, las resoluciones de la legislatura deberían superar las diferencias políticas e ideológicas.

Justamente, una de las preocupaciones que existe frente al desempeño de los legisladores gira en torno al comportamiento poco ético de sus miembros, así como también en la falta de articulación con las grandes preocupaciones de la población: desempleo, problemas económicos, corrupción, inseguridad y violencia, drogas y alcohol, entre otros.

De ahí que la iniciativa de plantear una Agenda Nacional por la Gobernabilidad, vinculada a las preocupaciones de la ciudadanía, es un asunto positivo. Pero debería también prestarse atención al fortalecimiento institucional de la legislatura, sobre todo en lo que se refiere a mejorar los niveles de probidad, transparencia, rendición de cuentas y participación ciudadana. Si no se trabaja en estos elementos, todo lo que se haga en el campo de producción de leyes y fiscalización será inoficioso.