Roberto Salas

Bioeconomía y la Amazonía

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Miércoles 25 de septiembre 2019

La mejor forma de preservar el principal bosque tropical del planeta es interviniéndolo de manera responsable para darle valor y significancia económica, además de su relevancia ecológica.

Esto no excluye los esfuerzos por mejorar los sistemas de combate de incendios, y la supervisión estricta para evitar tala ilegal y discriminada, pero ayudaría a prevenir estos riesgos al haber mayor presencia y actividad productiva en la zona.

Ya lo habíamos visto a través del Consejo de Administración Forestal, FSC según sus siglas en inglés (Forest Stewardship Council), máxima referencia en certificación de bosques manejados sustentablemente, que acepta y regula que los bosques protegidos y reservas forestales puedan ser intervenidos dentro de ciertos parámetros y requerimientos para beneficio del bosque mismo y de las comunidades locales. Dado que estos tienen valor económico cero, la intervención regulada permite obtener riqueza de los recursos biológicos presentes en el bosque que pueden ser extraídos y comercializados generando beneficios para consumidores, comunidades nativas y empresas incorporadas en la cadena de valor. En este sentido la BioEconomía y la Amazonía tienen algo en común. Se necesitan para coexistir a largo plazo. Una perfecta relación interdependiente de alto valor para el planeta, si es posible hacerla evidente creando un ecosistema de innovación que aprovechando la biodiversidad evita la sabanización del área.

El profesor y científico brasileño Carlos Nobre, viene proponiendo esto desde hace años con algunos ejemplos que pueden ser intensificados y replicados, que demuestran el potencial de esta alternativa, que él llama la Tercera Vía, o Amazonía 4.0.

Un ejemplo es la comercialización de Acaí, una fruta de los bosques amazónicos rica en antioxidantes y omega 3, 6 y 9. Esta previene el envejecimiento, cáncer y enfermedades cardiovasculares, y se ha convertido en uno de los alimentos preferidos para jóvenes y no tan jóvenes de diversos países, generando una industria de un billón de dólares anuales.

La Guayusa, una hoja con atributos energéticos, es otro ejemplo de los bosques amazónicos ecuatorianos, y así hay otros elementos usados en industrias cosmética, farmacéutica y química, que a través de alianzas con centros de innovación, fundaciones y comunidades locales obtienen magníficas materias primas ancestrales para nuevas soluciones.

Además de proteger los bosques a través de una intervención positiva que apoya su mejor preservación; es una iniciativa inclusiva, ya que incorpora a decenas de miles de familias rurales en la recolección y procesamiento primario de estos sub productos, generando empleo e ingresos a estas poblaciones, y asegurando el rol ambiental de los bosques de manera sustentable.