Reinaldo Páez

Sensatez y politiquería

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Martes 08 de octubre 2019

El descalabro económico que dejó como legado el gobierno anterior ha sumido al país en una situación deplorable: endeudamientos fastuosos a plazos reducidos e intereses muy elevados, juicios multimillonarios sentenciados en contra del Estado por la incapacidad de los procuradores y por la soberbia prepotente del mandatario prófugo, miles de millones de dólares substraídos en coimas y sobreprecios por una amplia red de funcionarios de alta y mediana representación, obras faraónicas, de costos colosales, incompletas, mal construidas o abandonadas con inmensos despilfarros, histrionismo injustificado que ahuyentó a la inversión externa con leyes y reglamentos absurdos, constituyeron, entre muchas otras causas, la expresión del más irresponsable y delictuoso manejo económico en la historia.

Correa, consciente de la desastrosa herencia que legaba, planificó, con inusitado afán, dejar como su sucesor a una marioneta cuyas acciones debían obedecer a la manipulación que él efectuaría para que queden ocultas sus innumerables fechorías, personales y grupales, hasta ahora inconmensurables. Propuso adecuar una oficina, en la casa de gobierno, para monitorear, a través del sometimiento a un voluminoso instructivo, la gestión del nuevo presidente. Sorpresivamente y con el beneplácito de una gran mayoría popular, el primer mandatario, Lenín Moreno, desechó este afán de perennizar la influencia de la “revolución ciudadana” y aunque, hasta ahora, mantiene entre sus cuadros a contados ex funcionarios de la administración pasada, ha devuelto la tolerancia, el respeto, la libertad de expresión y la independencia a los otros poderes, que sufrieron la dictatorial “metida de mano”. Se han enunciado las medidas con las que se combatirá la crisis heredada, y no llevan en ellas el efecto apocalíptico que descaradamente coreaban, a viva voz, los bien aprovechados causantes del desastre, unos prófugos, otros en la Asamblea, en prefecturas, o alcaldías, animados por la esperanza de volver al gozo de sus pecaminosas fortunas.

Sin esas medidas el país sucumbiría, no se puede seguir afectando a los más pobres con el subsidio a combustibles que utilizan vehículos costosos, o a combustibles que, por baratos, favorecen al gigantesco contrabando internacional que carcome a nuestra economía. El país hoy necesita el sacrificio patriótico de todos, para evitar el desastre que destrozaría a toda la estructura social. Se deben concretar compensaciones y acuerdos equilibrados. Los inestables transportistas, deben velar, alguna vez, por el beneficio de la colectividad y los dirigentes sindicalistas que proclaman luchar contra la corrupción, no deben coincidir con los corruptos. El Presidente Moreno debe complementar su valiente decisión con acciones determinantes para recuperar el dinero robado. La historia abrirá sus páginas en justo reconocimiento.