Miguel Rivadeneira Vallejo

Las visas que delatan

“La política de la Embajada de EE.UU. es clara: no comparte informaciones públicamente, lo que obliga al Estado a sacudirse”.

En medio de las demandas para combatir la corrupción con eficacia y enfrentar la impunidad, en el país se enredan las concreciones y hay autoridades que se dan las vueltas en la adopción de medidas y ofrecer resultados concretos. Ese es el caso del escándalo por la revocatoria de visas del gobierno de EE.UU., que resulta un privilegio y no un derecho.

No es nuevo el llamado de atención de un embajador cuando señala que la corrupción amenaza la estabilidad de los países y la seguridad de sus ciudadanos. Hace 24 años, el diplomático de entonces hizo serias denuncias de corrupción en las aduanas, que involucraba al Presidente en funciones, que terminó caído. En la actualidad ha revocado cientos de visas pero las más relevantes a generales de la Policía, jueces, abogados, trabajadores de los sectores legal y judicial.

Aunque son malas las generalizaciones, para no hacerse ilusiones, la política de la Embajada es clara: no comparte esas informaciones públicamente, lo que obliga al Estado ecuatoriano a sacudirse, identificar a estos personajes, investigarles y hacer la limpieza. ¿Acaso no es visible lo que tienen o exhiben?

Para dejar de ser ingenuos, según la norma legal, EE.UU. puede revocar una visa a “las personas que hayan violado los términos de su visa, por trabajar ilegalmente, quedarse por períodos muy prolongados o por cometer actos delictivos”. ¿En qué encajarán los generales de la Policía, jueces, abogados, trabajadores del sector legal y judicial?

Causa vergüenza cuando un abogado (conocido por sus actuaciones contra la institucionalidad democrática, que favoreció al correísmo y ha defendido a políticos perseguidos por la justicia) se jacta y responde despectivamente que le quitaron la visa a EE.UU., como si no pasara nada.

Por ello, el ciudadano común, hastiado y desencantado de la política, desengañado por tanta declaración y poca acción de sus dirigentes, autoridades e instituciones, de organismos de control, se escucha un basta de “hacernos más los tontos”.