Vicente Albornoz Guarderas

La gasolina, la francesa y el FMI

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Domingo 20 de octubre 2019

Aumentar el precio de los combustibles es un tema complejo, tanto que el mismo Fondo Monetario nunca lo vio como una medida prioritaria para el Ecuador. Y la experiencia de primera mano de la anterior directora del FMI explica por qué son tan renuentes a recomendar medidas de ese estilo.

Esto no reduce la importancia de tener claro que, algún momento habrá, que tomar una medida de ese tipo, que es tan necesaria como impopular y difícil de implementar.

La “alergia” del FMI a los aumentos de los precios de los combustibles no es gratuita. Años de experiencia les ha llevado a entender que esos subsidios, absurdos como son, también son muy populares y, casi irónicamente, aumentar su precio puede ser el “combustible” que desate un incendio social.

Todo se agrava porque justamente en el país de origen de la anterior directora del Fondo, la francesa Christine Lagarde, el aumento de los precios de los combustibles desató una ola de protestas que en algún momento llegó a poner en peligro la estabilidad del gobierno del presidente Macron.

El movimiento de los chalecos amarillos, o “gilets jaunes” por su nombre en francés, fue una ola de protestas que arrancó en octubre de 2018 para rechazar, justamente, el alza en el precio de los combustibles.

Muchos de los países industrializados tienen impuestos sobre los combustibles, diseñados para desincentivar su consumo por temas de contaminación. Pero Francia tuvo, durante buena parte del Siglo XX una política de promoción del uso del diesel por un tema de excedentes de producción de ese combustible en las refinerías francesas.

Por eso, los franceses habían sido bastante reticente a gravar el diesel con impuestos ambientales. Pero desde hace unos años, el precio del diesel empezó a subir y en el 2018 el presidente Macron anunció un impuesto que iba a producir un significativo encarecimiento.

Y la protesta se desató en toda Francia, sin que se tenga claro de dónde vino. Y una protesta que iba, originalmente, contra el aumento del precio del diesel, se convirtió en un rechazo al sistema y en una lucha contra el mismísimo presidente, de quien pidieron su renuncia o destitución.

Macron no renunció, pero sí tuvo que echarse para atrás en el la introducción del impuesto al diesel. Quizás sea importante aclarar que en Francia ese combustible no estaba subsidiado sino que tenía menos impuestos que los demás.

Finalmente Macron demostró su enorme habilidad política al pacificar paulatinamente las protestas (que también le cogieron por sorpresa) y se dedicó a viajar por Francia promoviendo el diálogo. Y su compatriota Christine Lagarde con seguridad aprendió la lección.