Farith Simon

Las mentiras del 30-S

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Lunes 01 de octubre 2018

El fin de semana se cumplió un aniversario más de un evento particularmente relevante de la historia ecuatoriana reciente.

Son 8 años de un episodio que contribuyó a la consolidación y acumulación del poder correísta, que dió paso a una suerte de purga que sirvió para amedrentar a la oposición y que alimentó una venganza ejecutada a partir de una dolorosa farsa que costó la vida a varias personas y afectó, y sigue afectando, a miles.

La versión oficial que se montó a partir del 30-S es un ejemplo de posverdad, es un relato falso, construido a partir de hechos ciertos, que permitió reemplazar en el imaginario de millones de ecuatorianos una acción irresponsable e impulsiva por una de heroísmo personal, victimización y triunfo, de alguien que no soportaba que su poder sea puesto en entredicho o sus decisiones cuestionadas.

En la mañana del 30-S Correa se encaminaba a sufrir una dura derrota humana y política, puso en riesgo su vida y la de otros.

Su mandato parecería quedar marcado por esa irreflexiva irrupción en un cuartel policial en la que gente armada protestaba.

Quedaría en el recuerdo un provocador irrespetado y su aura de poder en entredicho.
En las filmaciones de ese día se puede ver a un individuo desencajado que incrementó el caos, el enojo y el desorden, imágenes que lo retrataban de cuerpo entero como irascible y prepotente.
De allí salió, gracias a la imaginación de su aparato de comunicación y la propaganda, como víctima de “…un intento de magnicidio dentro de un frustrado golpe de Estado maquinado para lucir como una protesta laboral…”.

Eso de que los vencedores escriben la historia, frase atribuida por igual a Walter Benjamin y a George Orwel, se convirtió en una realidad palpable en este caso; quienes detentaban el poder elaboraron su teoría conspirativa que se alimentó por la acción de grupos políticos y económicos que sí trataron de aprovechar el caos, como lo hicieron con los derrocamientos de Bucaram, Mahuad y Gutiérrez.

El 30-S no puede ser olvidado, es una obligación desmontar esa histórica mentira, alimentada por una enfermiza búsqueda de venganza que sirvió para perseguir a muchos inocentes. La búsqueda de justicia implica, además de identificar a cada uno de los responsables de crear, mantener y difundir esa mentira, establecer las responsabilidades de fiscales y jueces que ejecutaron la venganza.

La amnistía general puede parecer el camino para terminar con la injusticia, pero una medida así ocultaría una parte de la verdad, exculpando a quienes promovieron y usaron la violencia ese día. Es claro, esa verdad no se encuentra en el relato sobre un supuesto golpe de Estado o un intento de magnicidio planificado, pero tampoco en el que presenta al 30-S como una simple protesta laboral. Las dos son formas de la misma mentira.