Miguel Rivadeneira

Sacudón frente a irresponsables

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Lunes 23 de septiembre 2019

La vulnerabilidad de los datos personales de los ecuatorianos no es nueva. Se ha evidenciado más los últimos días cuando se revela que una empresa especializada en sistemas informáticos fuera sorprendida con la filtración de datos de millones de personas. Es un cuento viejo que se había conocido antes, pero se dio poca importancia. El correísmo hizo aprobar en la Constitución del 2008 el derecho a la protección de datos personales, pero no aprobó la ley. Pura demagogia.

Lo grave de todo no está solo en la transmisión de los datos sino en el origen de cómo penetraron y obtuvieron la información reservada y con ayuda perforaron las seguridades y accedieron a las bases de datos. No solo se trata de un problema de seguridad sino de filtración de la información que en manos de otros es utilizada a su arbitrio. No de otra manera se explica cómo a diario los ciudadanos, que nunca antes habían entregado sus datos personales, sufren casi el acoso de miles de llamadas diarias que ofertan servicios, tarjetas, apertura de cuentas, viajes, planes con publicidad engañosa. A esto se suma el problema cultural y la ingenuidad para entregar información al primero que llama, sin conocer quién está en el otro lado ni darse cuenta de los riesgos que implican.

Cómo se explica que movimientos políticos, de tantos que existen, presentan con facilidad cientos de miles de firmas de respaldo para lograr el reconocimiento del frágil, inútil y cuestionado sistema electoral, que no atina a descifrar lo que los ciudadanos detectan cuando requieren un certificado de no estar vinculado a una organización y resulta que sí constan cuando ni siquiera se habían enterado.

Cuántos vivos disponen de bases de datos personales, que se presume ofertan, seguramente por jugosas cantidades de dinero, para que luego se plasme en el uso de irresponsables, que reflejan el amplio conocimiento que tienen del interlocutor. Hay irresponsabilidad ciudadana que comparte información personal y hasta fotografías a través de las redes sociales y los medios de exposición pública, mediante aplicaciones que permiten enviar y recibir sin costo alguno, con conexión de internet, mensajes de texto, imágenes y videos. Otros ermitaños digitales que se concentran en las redes, sin reparar en nada ni en nadie.

Frente a este panorama, una ley de protección de datos personales, propuesta por el Ejecutivo para afrontar las graves transgresiones a la dignidad de las personas, perjuicios económicos, ausencia de transparencia que no garantizan una democracia plena, en algo ayudará pero no será la solución total si no cambian las conductas personales, si no se educa y previene, si las autoridades no actúan con firmeza y si la justicia no trabaja con celeridad y pone fin a la impunidad.