Farith Simon

No es personal Sr. Correa

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Lunes 17 de febrero 2020

Una de las expresiones de la lógica política ecuatoriana es personalizarlo todo, creer que se debe apoyar o rechazar una acción, decisión o personaje en función de la simpatía o antipatía hacia las personas. No es algo nuevo, una constante histórica exacerbada de forma notable en los últimos años por el populismo mesiánico y autoritario que representa el correísmo. Es una respuesta repetitiva del criticado y sus partidarios, ante todo cuestionamiento el crítico es acusado de “odiador” o corrupto.

Esto, una falacia ad hominen, niega una idea, crítica o juicio al considerarla falsa por quien la emite, esto implica -cuando es sistemático- la eliminación de la posibilidad de un debate racional, estrategia que se ha transformado en central de la comunicación política. Todo se explica desde lo personal porque solamente alguien que no tiene objetividad podría no reconocer la grandeza del ex Presidente, así se explica cualquier diferencia u opinión contraria; ¿quién, sino unos cegados, podrían negar todos sus méritos y acusar a su régimen de abuso y corrupción?

La descalificación personal a la crítica se suma al relato de que estamos frente al mejor presidente de la historia, con esto buscan sentar la idea del “héroe” perseguido, representante de los “oprimidos”, acosado por estos seres movilizados por el odio, por el rencor, el resentimiento y la envidia.

Un sentimiento tan poderoso como el odio, que implica una antipatía y aversión hacia el otro al que se le desea el mal, altera la objetividad y esto hace que el juicio del “odiador” no sea correcto, así el cuestionamiento se convierte en algo tan personal que no debe ser considerado.

Me pasó muchas veces, que ante mi opinión crítica a los 10 años de correísmo, recibí como respuesta la acusación de que esto se debía a razones personales. Había prestado poca atención, al fin en las redes sociales no me conocen, no saben lo que me moviliza, hasta que alguien muy cercano a mi, luego de un intercambio de opiniones sobre Moreno y Correa, me dijo -palabras más, palabras menos- “ya supéralo, te vas a enfermar, el odio no es bueno”.

Así, tan simple, descalificó todas mis opiniones e ideas, claramente convencido de que solo quienes odian al personaje pueden criticarlo, con ello una opinión política sobre la forma abusiva de ejercicio del poder, el uso indebido de los recursos públicos, el autoritarismo, la toma de instituciones, el despilfarro, no era una crítica genuina, era una expresión irracional.

Es claro el mensaje, no importarán las pruebas en los juicios, la experiencia del abuso, los testimonios, las miles y miles de horas de audios y videos en que se le escucha expresarse desde el odio, sus comentarios homofóbicos y machistas, sus ideas profundamente antidemocráticas, todo deja de existir, todo se reduce al odio, ahí están las carreteras para probarlo. Está demás decirlo, no odio al personaje, rechazo su acción política y todo lo que eso representa.