Miguel Rivadeneira

¿Concurso de rabos de paja?

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Lunes 12 de octubre 2020

El destape de la corrupción que se vive en medio del proceso electoral en marcha y una Legislatura desprestigiada, con 60 asambleístas procesados judicialmente, algunos de los cuales pretenden fiscalizar sin mirarse a sí mismo, daría la impresión que existiera una competencia o un concurso de rabos de paja, salvo algunos actores, dirigentes políticos y candidatos que se excluyen.

Entre la injerencia político partidista y las inobservancias a las normas jurídicas que permiten los máximos organismos electorales, se vive un ambiente de desconfianza en las instituciones y la indiferencia ciudadana, responsable de elegir a populistas y demagogos, que le han llevado a la actual crisis, muchos de ellos sentenciados y prófugos que aún engañan con “recuperar” la patria, a la que saquearon cuando estuvieron en el poder. Solo los electores podrán dilucidar con una actitud consciente, responsable y bien informada, sin caer atrapados en las mentiras, especialmente en las redes sociales.

Quién puede confiar en una Comisión de Fiscalización, integrada por una parte de los acusados de presuntos actos de corrupción y de haber participado en el reparto de dinero del Estado destinado para la fallida obra del hospital de Pedernales. Los testimonios propios en el juicio -con santo y seña- de los actores que han aceptado estos hechos, con la entrega de dinero en maletas y otras evidencias encontradas por la Fiscalía, señalan directamente a asambleístas. Pese a las pruebas, eluden y niegan y otros prófugos se califican perseguidos políticos. Así fueron los actores de los diezmos y otros con carnés de discapacidades.

Aparecen determinados candidatos corresponsables de la crisis. Otros neófitos que representan y repiten sin vergüenza discursos de corruptos, condenados por haber organizado una estructura delincuencial que facilitara el cometimiento de delitos de asociación ilícita y de cohecho desde la Presidencia de la República y tienen pendientes de investigación otros delitos de peculado, concusión, testaferrismo, enriquecimiento ilícito, lavado de activos. Qué calidad moral tienen para hablar en campaña, aunque resulta grave que subsista gente ingenua que crea en esos engaños y apoye un modelo que llevará a una situación similar a la de Venezuela, con riesgo a la dolarización.

Los electores debieran exigir a los candidatos concretamente cómo piensan afrontar la crisis económica; cómo van hacer el ajuste fiscal; qué harán con el acuerdo con el FMI. Si rechazan, como anuncian, cómo piensan reemplazar esos recursos. Qué medidas va a tomar porque los correctivos son inevitables y eso no se hace con discursos. Si no van a hacer una reforma tributaria, si no van a topar el IVA, con qué van a reemplazar. Cómo van a reducir el gasto público y el tamaño del Estado. Aquí no hay fórmulas mágicas.