Miguel Rivadeneira

CIDH, la recolectora de basura

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Lunes 16 de diciembre 2019

Esa fue la expresión pública del prófugo en Bélgica contra los pronunciamientos de la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos (CIDH) cuando ejerciera el poder de manera abusiva. Comparó a esta institución con Vachagnon, empresa que recolectaba la basura en Guayaquil, cuando había pedido medidas cautelares a favor de tres perseguidos políticos del régimen correísta, sentenciados por jueces que actuaban sumisos bajo la orden del autoritario. Ni siquiera hizo caso aquellos dictámenes y se burló como acostumbraba.

Resulta que ahora la Comisión ha pedido al Estado medidas cautelares a favor de tres personajes del correísmo, que están presos con serias presunciones del delito penal de rebelión durante los actos vandálicos de octubre pasado y que causaran enormes destrozos. Sin embargo, la exigencia de los prepotentes de ese gobierno, auspiciados por sus abogados que hacen malabares para acomodar las normas legales, es la libertad de los detenidos, argumentando que ese es el dictamen de la CIDH.

Como señalara un destacado jurista y académico, defensor de DD.HH. y ex funcionario de la CIDH, la Comisión en ninguna parte de la resolución ha solicitado que se les ponga en libertad porque no puede hacerlo. Mal haría en anticipar un juicio de valor sobre la validez o no del proceso penal y la pertinencia o no de las medidas cautelares dentro del proceso. Lo contrario sería desbaratar procesos judiciales internos, lo cual sería grave.

Las medidas cautelares que dicta la Comisión y las medidas provisionales que dispone la Corte Interamericana comparten el objetivo de proteger la vida e integridad de los procesados de daños irreparables, frente a situaciones de urgencia y graves amenazas, las garantías en los centros carcelarios, mas sin injerencia en los procesos judiciales. Implica la exigencia de que el Estado garantice el debido proceso, el derecho a la defensa y proteja sus derechos. No necesariamente mantenerles en cargos públicos.

La torcida interpretación pretende desbaratar la estructura jurídica del país y eso sería inadmisible.

Lo grave de todo, que tapa la boca al prófugo en Bélgica, es que sus mismos seguidores cercanos en la Asamblea admiten el error al haber calificado a la CIDH como recolectora de basura, que no fue lo más sensato y que eso se dio cuando pensaban que el poder era eterno y no es así. A confesión de parte, relevo de prueba, pero recién hoy se dan cuenta y pretenden que la Comisión les salve del juicio cuando antes fuera vilipendiada en las sabatinas.

Por todo ello la administración de justicia, jueces y juezas, en el debido proceso y respetando el derecho a la defensa, tienen que actuar con estricto apego a Derecho, fallar de acuerdo a su conciencia y pronunciarse de forma motivada y sustentada.