Nuevo presidente y política exterior

En un país con instituciones sólidas y políticas públicas consistentes, no es o no sería difícil reflexionar sobre la política exterior antes de unas elecciones generales como las nuestras. No debería ser un tema excesivamente polémico en tanto debe considerarse como de Estado por encima de ideologías y partidos y orientado exclusivamente a defender y promover los intereses nacionales que son los de todos los ecuatorianos. Los candidatos deberían coincidir en ese objetivo esencial y no pensar en beneficiar en un sector social o económico ni tampoco político.

Lo que sí podrá variar entre los candidatos son algunas de las estrategias para alcanzar esos objetivos que responden a los intereses nacionales. Es ahí donde se podrán constatar las diferencias entre los candidatos, pues para alcanzarlos pueden aliarse o acercarse a un país o grupo de países de los cuales considera que será más conveniente para el Ecuador.

Por lo demás, sea Arauz o Lasso el escogido -esta columna se escribe antes de saber el ganador- a partir del 24 de mayo deberá afrontar un entorno internacional sobre el que poco podrá incidir dado el peso específico del país. Tendrá que hacer frente de la pandemia ,cuya solución no depende solo de un buen gobierno sino de lo que suceda a nivel planetario. Deberá paliar al menos el fenómeno inmigratorio venezolano para lo cual tendrá que exigir al país causante que asuma sus responsabilidades y no quedarse con solidaridades ideológicas baratas que no resuelven tan dramático problema.

Al norte, en la frontera con Colombia, cualquiera de los dos finalistas, deberá exigir al gobierno de Duque, con firmeza y sin complacencias, que tenga una mayor presencia militar y policial en su territorio para que sus conflictos internos no se desparramen sobre el nuestro, que haya ejercicio de soberanía y no sea tierra de bandas criminales y de la guerrilla. Tendrá que hacer frente con inteligencia ante la relación con Estados Unidos, para que sin sumisión nos entendamos trayendo beneficio para ambas partes en los temas que son de nuestro respectivo interés, a pesar de la visible asimetría. Lo mismo podría decirse de China, aunque en otro contexto, donde hay mucho provecho que sacar, pero también hay abusos que no se pueden aceptar.

Ninguno de estos complejos asuntos tiene que ver con ser progresista o neoliberal, de izquierda o de derecha, ahí están, no van a desaparecer, y hay que buscarles solución. En lo que a nosotros compete con inteligencia, habilidad y pragmatismo con la única mirada puesta en los intereses del Ecuador.

Y, por favor, dejemos de quejarnos, de ser ingenuos y, sobre todo, de ser corruptos. Hay que reconocer que ya lo hemos sido a través de la historia. Gran mérito tendría cualquiera
de los candidatos que resulte triunfador con una diplomacia con esas características.