Vicente Albornoz Guarderas

La matriz que cambió mal

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Domingo 26 de noviembre 2017

El famoso “cambio de la matriz productiva” resume en cinco palabras la relación que tenían las políticas del gobierno anterior con la realidad. Porque es una manera complicada de decir algo simple y, adicionalmente, irrealizable.

La “matriz productiva” es una manera rimbombante, quizás presuntuosa, de referirse a la estructura económica. Sería más fácil decirle “estructura” en lugar de “matriz”, pero ahí sería más difícil justificar la contratación de costosas consultorías sobre el tema.

Usar un término complicado también ayudaba a acrecentar el aura de “gente muy preparada” que tanto les gustaba resaltar a los de las manos ardientes (alguien con largos y sonoros títulos no puede rebajarse a hablar de estructuras si puede demostrar su amplia cultura hablando de matrices).

Lo que decidieron estos seres de sonoros títulos fue que el Ecuador debía producir bienes de “mayor valor agregado”, lo cual es una buena idea, pero es similar a decir “los ladrones deberían robar menos” o “los niños deberían nutrirse mejor”, o sea, una idea cuya validez nadie discute, pero que es compleja de concretar.

Porque para industrializar un país (a eso se refiere lo del “mayor valor agregado”), lo más importante es crear confianza en las empresas para que estén dispuestas a hacer las grandes inversiones que requiere la industria. Pero eso era secundario, porque para esa banda de iluminados, la confianza empresarial era irrelevante, para ellos lo principal era la voluntad del gobierno, porque con voluntad todo se puede lograr. Casi como los magos, que con una varita mágica todo lo consiguen; los gobiernos, con voluntad todo lo obtienen.

Y escogieron 14 sectores que debían ser los apoyados en este cambio direccionado desde el gobierno y se llenaron la boca de palabras complejas y al final la estructura económica del país sí cambió, pero cambió al revés de lo que soñaban.

Porque en cualquier país en el que el Presidente dedica parte de sus sabatinas a insultar a empresarios y cuando un gobierno cambia innumerables veces la normativa tributaria, laboral y societaria, las empresas industriales dejan de invertir y la economía no evoluciona hacia más industria.

Pero si paralelamente a los insultos presidenciales el gobierno cuadruplica su gasto e inunda el sistema económico de recursos, va a crear muchos consumidores ávidos de comprar, pero no va a haber productores dispuestos a producir. Y la única manera de solucionar ese desequilibrio entre lo producido y lo demandado es importarlo del exterior. Y para vender lo importado construir centros comerciales.

Y así, la matriz productiva sí cambió: nos convirtieron en un país lleno de centros comerciales. Gran logro.