Agustin Zimmermann

Hambre y pobreza rural

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Martes 15 de octubre 2019

Consumidores desinformados, una migración campo-ciudad creciente causada por la pobreza rural; falta de acceso a recursos productivos; conflictos y crisis climáticas han repercutido en la alimentación y la agricultura.

Los desafíos son claros, pero, ¿qué estamos haciendo para reducir el impacto de estos factores en los procesos de desarrollo y la necesidad de garantizar una producción de alimentos para satisfacer la demanda de una población creciente? El análisis de la relación campo – ciudad está estrechamente vinculado a nuestra seguridad alimentaria.

Los acontecimientos de los últimos días son una llamada urgente a atacar la raíz de estos problemas: la pobreza rural, que es la expresión de la desigualdad entre el campo y la ciudad y de la falta de oportunidades y de un abandono del medio rural.

Paradójicamente, la población rural, en donde se concentra la mayor cantidad de mano de obra agrícola, presenta los mayores índices de pobreza y desnutrición a nivel mundial. Datos del último informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y Agricultura (FAO) sobre el Panorama de la pobreza rural en América Latina y el Caribe (ALC) demuestra que uno de cada dos habitantes del sector rural es pobre, y uno de cada cinco, es indigente. ALC había tenido un repunte en la reducción de la pobreza en el periodo comprendido entre 1990 y 2014. No obstante, en el 2016, se registró un aumento alarmante de dos millones de personas en situación de pobreza.

La contribución de la ruralidad a la agricultura y a la seguridad alimentaria implica un análisis más profundo sobre la generación de oportunidades de desarrollo del campo para garantizar el derecho a la alimentación. Es así que, establecer el vínculo entre los problemas de nutrición y alimentación con la pobreza rural es necesario para identificar las brechas entre el campo y la ciudad.

La falta de oportunidades y el abandono del medio rural deben abordarse de manera seria y conjunta entre el sector público y privado para generar una cohesión social armoniosa y equilibrada, reconociendo el trabajo agrícola como un medio de subsistencia principal en la economía nacional.

En el 2015, los Estados miembros de las ONU se comprometieron con 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), con el fin de garantizar un mundo más justo, próspero y pacífico para las generaciones presentes y futuras. Precisamente, los dos primeros objetivos de esta agenda internacional hacen referencia al Fin de la Pobreza y el Hambre Cero; y esta coincidencia en su priorización responde a que partir de ellos, se despliegan otros derechos de las personas como acceso a salud y agua limpia, medios de vida, trabajo decente, la reducción de desigualdades. 
* Representante de la FAO en Ecuador*