Fabián Corral

La función de legislar

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Jueves 26 de septiembre 2019

Entre las funciones del Estado Republicano está la de legislar, esto es, la de expedir normas generalmente obligatorias, que rigen en el territorio del Estado, articulan los derechos de las personas, señalan las potestades del poder y los límites a su ejercicio, tipifican infracciones, determinan sanciones, y establecen las reglas de relación entre la gente, y con los órganos de la Administración Pública.

Tratándose de un tema que tiene que ver con la conducta de las personas, con sus derechos y libertades, y con los procesos sociales, hay que suponer que los que hacen las leyes deberían ser personajes universales en el conocimiento, y liberales en el modo de ser, es decir, “ilustrados” en el sentido tradicional de la palabra.

1.- La compleja función de representar.-La democracia representativa –la única posible en la sociedad de masas- plantea varios problemas prácticos y conceptuales, uno de ellos radica en el hecho de que el mandato que proviene de los electores, aunque fuese legítimo en términos electorales, no siempre recae en personajes “ilustrados”. Un buen candidato no siempre será un buen legislador. Un ideólogo comprometido hasta el tuétano con sus ideas, no representará a la sociedad en su integridad; al contrario, lo más probable es que su militancia implique exclusión y hasta condena al pensamiento de los “otros”. El entusiasta adherente a un movimiento, no tendrá la independencia necesaria para ejercer la legislatura bajo nociones de universalidad de pensamiento y tolerancia, y quedará sometido a las pautas que le impongan su compromiso, o la disciplina partidaria.

La representación excede de las consideraciones políticas usuales, que no trascienden de la coyuntura hacia la profundidad de lo que significa la República.

2.- La sutileza de los temas.-
El tema se vuelve arduo si admitimos que la tarea de legislar se ha complicado, puesto que son cada vez más difíciles y sutiles los asuntos implícitos en la necesidad normativa. Los derechos son más sensibles, y más abstractos los conceptos. La sociedades son “entes enrevesados” e impredecibles, las ideas son más densas, las teorías, a veces más distantes del mundo llano del sentido común, y en ocasiones extrañas al “ethos” social.

3.- Legislación local y globalización.- La globalización incidió en la complicación de la tarea de legislar. Las fronteras y los límites territoriales a las leyes son cada día más confusos. Los tratados y convenios internacionales abundan y aluden a las más diversas materias. Esos instrumentos prevalecen sobre las leyes locales y les quitan eficacia en caso de contradicción, basta recordar que la Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados establece que las normas locales no pueden oponerse a las internacionales. Cualquier nuevo Código que se proponga, deberá asumir que el país está ligado por convenios y tratados, algunos extremadamente técnicos, y que ninguna norma de una ley local los puede desconocer. En todas las materias vamos por el mismo camino, y eso plantea problemas frente a las concepciones “ultras” de la soberanía.

4.- Los líos de la competencia de los tribunales.- Hay que admitir, cuando se legisla y cuando se ratifican los tratados, que la soberanía, tanto en lo legislativo como en lo jurisdiccional, es cada vez más relativa, disminuida, condicionada o lo que fuese, pero, en todo caso, muy diferente de la del siglo XIX. Los estados son cada vez menos absolutos y quizá menos estados. Habrá que tomar en cuenta que la tarea de administrar justicia irremediablemente se ha dispersado hacia lo internacional y hacia el arbitraje local. Hay un entramado de competencias en que se entrecruzan las de los tribunales locales y los internacionales. Y no es cuestión de hacer posiciones ideológicas adversas al arbitraje; es asunto de entender que hay países y corporaciones que no firman contratos ni otorgan préstamos, a menos que las disputas eventuales del negocio se sometan a un tribunal nacional o internacional, y a árbitros extraños a las partes. En ese mundo, el nacionalismo no cuenta, a menos que se escoja el aislamiento.

5.- Derechos y libertades, la piedra de toque.-En las tareas de legislar y de juzgar, la piedra de toque, el punto sensible siempre, serán los derechos individuales y sus garantías; las libertades y sus limitaciones. Los legisladores no son dueños de los derechos individuales, y no pueden disponer de ellos como les parezca, o conforme determinen sus convicciones, porque esos derechos vienen con la persona cuando nace, de modo que la ley solo puede expresarlos en términos de convivencia social y protegerlos; las libertades exigen seguridad; los delitos deben someterse a tipicidad técnica y objetiva, donde impere lo que los tratadistas llaman la integridad del sistema, la claridad de la norma y la precisión del idioma.

6.- La norma y el ordenamiento jurídico.-Para legislar, habrá que comprender que las normas no pueden ser realidades dispersas; al contrario, deben forman parte de una estructura lógica, precisa, integral, y que todas ellas, de cualquier naturaleza que fuesen, deben obedecer a las tres lógicas fundamentales que enseña Bobbio: la jerarquía, la cronología y la especialidad. Sin ellas, el sistema es un caos, en el que navega con comodidad la arbitrariedad, la incertidumbre y el abuso. Y en el cual naufragan derechos y libertades.

7.- Preguntas.- ¿Tiene el país un ordenamiento jurídico racional, integral y justo? ¿Puede la ideología ser la única fuente de inspiración de la legislación? ¿Por qué renunció la Constitución al Estado de Derecho? ¿Sabían lo que hacían los legisladores del Art. 1 de la Constitución cuando le atribuyeron al Estado los derechos individuales? ¿Los sistemas legal y judicial hacen posible la seguridad jurídica?