Enrique Ayala Mora

El fiscal fiscalizado

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Viernes 13 de abril 2018

eayala@elcomercio.org

Carlos Baca, Fiscal General del Estado va a juicio político en la Asamblea Nacional. Ya ha anticipado criterio una posible mayoría, en el sentido de que sería censurado y destituido. Por ello, el hecho no es una novedad, sino una muestra de la descomposición interna del correísmo.

Baca era parte de los incondicionales que tenía Correa para manejar el país desde el Palacio. Una de sus “ejecutorias” habría sido integrar un grupo destinado a manipular la memoria del famoso “30S”. Esto no lo dice la “prensa corrupta”, los “sirvientes de la derecha” o los “agentes del imperialismo”, sino quien fue presidente de la Asamblea, hasta hace poco también correísta incondicional.

Se le acusa de que junto a dos oscuros empleados correístas que ganaban sueldo, hicieron su “informe” y cobraron por ello con su nombre propio y con seudónimo, aunque está prohibido hacerlo. El documento probatorio fue presentado en su pelea con el presidente de la Asamblea. El que ese documento no conste en el archivo de la Contraloría no quiere decir que no existe, como Baca argumenta, sino que alguien se lo robó, cosa perfectamente plausible si se recuerda las “ejecutorias” del prófugo que entonces era Contralor. Como Baca era “eficiente”, Correa lo hizo nombrar fiscal en uno de esos sainetes de la “meritocracia a dedo”, meses antes de dejar el poder.

Las acciones de la “década ganada” debían ser protegidas de enjuiciamientos. Y, justo es reconocerlo, también en esa nueva función Baca fue “eficiente”. Con verborrea legalista dilató procesos y evitó acusar a su jefe y a sus colaboradores. Basta recordar que a Glas no lo acusó de peculado, como debía hacerlo con los claros elementos que tenía a mano, sino de un delito menor, para que fuera sentenciado a menos de la mitad de los años de prisión que merecía.

Correa tenía amarrados al fiscal, al contralor y a la mayoría de la Asamblea Nacional. Pero las cosas le salieron mal y no funcionó al aparato de impunidad que tenía montado. Lenin Moreno se propuso sancionar la corrupción y, además, se pelearon entre correístas incondicionales. Porque las revelaciones de irregularidades y las acusaciones vinieron de ellos mismos, que en sus peleas de “ñaños lindos” se dicen entre ellos “corruptos”, “traidores”, “miserables”, “oportunistas”, “delincuentes”, “prófugos de la justicia”.

Caerá el fiscal fiscalizado, pero las cosas no pueden quedar así. Debe ser sancionado por las irregularidades que hubiera cometido. Y debe ser remplazado por una persona idónea. Es grave que su inicial subrrogate, al parecer, estuvo detrás de Correa el “30S”. El saneamiento del país apenas está comenzando y se necesita funcionarios serios que garanticen rectitud, especialmente porque muy pronto tendrá que comparecer ante la justicia el responsable principal.