Andrés Vallejo

¿Son posibles elecciones limpias?

valore
Descrición
Indignado 3
Triste 2
Indiferente 0
Sorprendido 2
Contento 30
Viernes 06 de noviembre 2020

Si no hay rectificación profunda en el CNE, será imposible que las elecciones de febrero próximo sean limpias, ni siquiera que parezcan tales.

Mientras se acerca el día –tres meses apenas- mayor incertidumbre se siembra. La última acción –o penúltima, nadie sabe con certeza- es la remoción, a todas luces arbitraria e injustificada, del delegado del CNE en el Azuay. Es secreto a voces que las delegaciones están repartidas entre los integrantes de la mayoría que maneja el Consejo Nacional Electoral desde hace un buen rato. Está integrada por su Presidenta que representa a Pachakutik, el representante del Partido Social Cristiano y la que se supone representa a Alianza País, pero que en realidad es correísta perdida.

La función básica, sustancial, casi la única que debe cumplir el CNE, es organizar los procesos electorales con eficiencia y limpieza. Garantizar que la voluntad de los electores se refleje en los resultados. Para lograrlo debe actuar con transparencia absoluta que aleje cualquier duda sobre sus acciones o intenciones. Para eso, no deben existir ni mayorías ni minorías, sin que eso implique que no se presenten diferencias circunstanciales o criterios divergentes. Cuando se constituyen mayorías fijas, siempre excluyentes es que existen propósitos que pueden atentar contra la limpieza del proceso a realizarse.Y esto sucede la víspera de unas elecciones cruciales para el país. La mayoría que opera en el CNE viola ese principio de imparcialidad e independencia, a luces vista. Representando partidos aparentemente irreconciliables, coinciden sospechosamente también en la Asamblea. Controlan todo al interior del CNE. Distribuyen delegaciones y procesos. El informático a un consejero, el organizativo a otro. Hacen y deshacen sin explicación ni justificación, como con el delegado en el Azuay. Ninguna de estas funciones debe estar en manos de los consejeros, sino de técnicos solventes, capacitados técnica y moralmente, y no de activistas políticos. Así van a repetirse irregularidades, como las anulaciones fraudulentas de votos en Pichincha -delegación entregada al correísmo- de los votos para Prefecto y concejales, que triplicaron el promedio nacional.

Cómo se puede confiar si se contrata para funciones fundamentales a personas procesadas y sentenciadas en la justicia. El criminal agresor al periodista de Teleamazonas trabajaba con la consejera correísta del CNE, que a su vez maneja Pichincha.

Con estos antecedentes y la información que circula de boca en boca y no se publica o se hace en las discutibles redes sociales, la incertidumbre crece y la desconfianza cunde. La proliferación de candidaturas, la campaña sucia ya presente, el desprestigio de la política y las instituciones, exige un Consejo Electoral transparente y eficiente, que no responda a interés partidario alguno. Que funcione con seriedad e imparcialidad, no como ahora.