Lolo Echeverría

Política adolescente

Después de declararse la guerra entre gobierno y oposición han entrado en un período de amorcillamiento, para usar un término taurino muy expresivo, porque no han superado el peligro, pero ha bajado la beligerancia; da la impresión de que tienen una mezcla de furia, de miedo, de cautela, que se busca escapar de los propios excesos. El Gobierno y la Asamblea hicieron gestos y amenazas que, ahora parece, no estaban decididos a llevarlas a término. ¿Eran aspavientos? La política ecuatoriana es emocional.

El Gobierno anunció un proyecto de reforma laboral, nunca lo presentó. Anunció una reforma tributaria, nunca lo concluyó. Anunció que iba con un proyecto que fusionaba las dos. Cuando fue devuelto anunció que dividía en tres, luego en dos, más tarde que sería uno. A estas alturas ya nadie sabe. Los cuatro evangelistas son tres, Elías y Moisés.

El Gobierno denunció estrepitosamente que hay un triunvirato que conspira contra la democracia, les designa con nombres y apellidos, les amenaza, les sugiere que abandonen la política y se vayan del país. Explica que ese triunvirato tiene la mayoría en la Asamblea que bloquea las tareas de gobierno y que la Constitución establece la muerte cruzada, sin embargo, se allana al bloqueo y troza la ley a gusto de los complotados.

Siguen otros anuncios erráticos del Gobierno. En cadena nacional pide a la fuerza pública que no tenga miedo en el combate a la delincuencia y el narcotráfico, les garantiza a sus miembros que pagará los abogados de la defensa y les asegura el indulto si son sentenciados injustamente. Otra vez un juez de jueces; las otras consecuencias del anuncio, ni comentemos.

La Asamblea no se queda atrás. Devuelve el proyecto sin mirarlo, valiéndose de una picardía jurídica, y amenaza al Gobierno con la investigación de los Pandora Papers. Apuntan al Presidente, pero con ojos bizcos pues le hacen un ‘by pass’ a la comisión de investigación y encargan el recado a una comisión de opositores. Los comisionados no saben qué hacer, llaman como testigos a quienes nada saben y los que saben se niegan a asistir. Los investigadores están como los ciegos ante el elefante: uno le toca la trompa y cree que es serpiente, otro le toca el flanco y cree que es muralla, otro le toca la pierna y cree que es árbol. El informe final enfatizará el peligro de las serpientes, las murallas y los árboles para que el plenario fundamente su decisión.

Los políticos siempre creen que los errores son del otro. Nada ha cambiado. Los que están alineados con los grupos políticos en contienda, están satisfechos al ver a los adversarios amorcillados, dudosos, exhibiendo amenazas que delatan inseguridad. Solo los ciudadanos libres de intereses partidistas estamos tristes; queríamos cambiar el país dialogando y pactando, mediante consultas populares o aplicando la muerte cruzada, pero parece que la política no ha madurado, que sigue siendo emocional, adolescente.

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