Narcotráfico e inseguridad

El flamante gobierno no solo tendrá que hacer frente a la aguda crisis sanitaria, económica y social que se ha agravado por efectos de la pandemia de la covid-19. La expansión del crimen organizado transnacional y, en particular, del narcotráfico no dejan de ser uno de los problemas más delicados que tiene actualmente el Ecuador y exigen, de parte del nuevo presidente, respuestas contundentes y acertadas.

Los ajustes de cuentas y recientes actos de violencia entre las bandas criminales de Los Choneros y Los Lagartos, los cuales dejaron en febrero cerca de 80 muertos en 3 centros carcelarios, tendrían nexos con los carteles mexicanos.

De acuerdo a los testimonios de los mismos reos, se habla de una “guerra interna entre operadores locales de los carteles mexicanos, quienes se disputan a la vez zonas y territorios en la región”. Me refiero a la guerra que mantienen los carteles de Sinaloa y Jalisco Nueva Generación. El primero representado por Los Choneros y el segundo por Los Lagartos.

Y es que el negocio de la droga ha evolucionado. Ya no es como antes. Si en el pasado los diferentes carteles receptaban la cocaína en México y se encargaban principalmente de pasarla a través de la frontera para venderla en las principales ciudades de los Estados Unidos, ahora, frente a la debilidad de ciertos Estados y el incremento generalizado de la corrupción, estas organizaciones criminales compran directamente a los laboratorios ubicados en Colombia, Perú e incluso en Ecuador. Hemos dejado de ser país de tránsito de la droga.

De acuerdo a informes de la Policía Nacional, lo ocurrido en nuestro país sería el reflejo o la reproducción de las disputas que tienen en México los carteles de la droga. Es decir, ajusticiamientos cruentos y asesinatos atroces con la finalidad de neutralizar al enemigo. El objetivo es lograr un mayor control de rutas y zonas, facilitar la compra directa a los laboratorios clandestinos, el transporte, acopio y envío de la mercancía a México y otros países.

Esto ha convertido al negocio de la droga en altamente rentable. Hablamos de miles de millones de dólares. Ingentes recursos capaces de corromper a miembros de la fuerza pública, abogados, banqueros, empresarios, fiscales, jueces, políticos e incluso gobiernos.

El escenario de convertirnos en un narcoestado no es una posibilidad. Es una realidad. ¿Cómo se explica que hasta el día de hoy el Estado no tenga pleno control en las cárceles del país? ¿Cómo se explica que narcotraficantes y delincuentes salgan de prisión en relativamente muy corto tiempo? ¿Cómo se explica que autoridades de la Dirección Aviación Civil autoricen vuelos dudosos o que la Fuerza Aérea no pueda derribar aeronaves de narcos? Tenemos instituciones, políticas y normas hechas para facilitar el crimen organizado y el narcotráfico.

Tan importante como el crecimiento económico, el empleo y el bienestar social es la seguridad. De ahí que no pueda descuidarse un sector tan importante como éste.