Susana Cordero de Espinosa

Desde el vacío

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Martes 12 de enero 2021

El vacío de las palabras huecas que hacen tanto daño marca nuestro actual, desolado paisaje político, económico y social. ¿Cómo salir? ¿Hacia dónde, si nuestro ‘desde’ es tan miserable, pandémico, en fin, y marca, lo queramos o no, el camino presente y futuro?

¡Pero debemos seguir, a partir de la reflexión sobre nuestras ilusiones justas, como también sobre nuestros pesares; sobre lo vivido, porque todo importa; sobre lo no vivido!

Aunque uno de los síntomas del coronavirus es un cansancio infinito, los que lo experimentan no necesariamente sufren o sufrieron la enfermedad; lo viven, lo vivimos, ante el panorama absurdo de dieciséis candidatos que optan a la presidencia del país, de entre los cuales si hay dos que son honestos en su ambición, que no se prestan al juego de una representación, de un compromiso tortuoso, maléfico, es casi demasiado. El cansancio surge de las noticias viles que nos colman; y el mayor es el de la desesperanza; el que agobia ante el panorama actual a la mayor parte de gente que, sin intereses creados, sin agradecimientos tortuosos (porque recibieron o no recibieron el premio –merecido o no- que decidió el correísmo, o porque pudieron colocar a su ‘hijito’ en un puesto menor, pero seguro; ‘padres’ y ‘madres’ que no ven más allá de sus ventajas y aprovechamientos); el atroz cansancio de una repetición hacia nada o hacia ‘peor’ nos apesadumbra.

Debe ganar quien nos garantice un gobierno realista, sin alardes ni desafíos, ¡sin ataduras! Alguien que continúe la política de Moreno de alianzas claras, de una economía que, a fuerza de préstamos, sí, porque no ha habido otro remedio, préstamos que deberán pagarse y cumplirse, conduzca a mejor a nuestra patria sin mentiras populistas, sin la atroz demagogia que nos detiene y nos hace retroceder…

Moreno nos salvó de la avalancha correísta que nos hubiera hundido, de haber ganado entonces otro candidato. Destapó los abusos, robos y mentiras; los sobreprecios, expoliaciones y atracos de Correa y de correístas, y pudo hacerlo porque provenía de ese gobierno, porque lo que había vivido le garantizaba la posibilidad de acusar y decir. Si otro presidente hubiera empezado a destapar la corrupción sin nombre del correísmo le habría sido imposible encarar vivo un octubre como el que soportamos el país y Moreno. Nuestro país, hundido por la infinita sinvergüencería, la mentira del huido al ático belga y sus congéneres, no puede volver. Y si Correa vuelve, ¡a la cárcel!

Cómo puede Argentina soportar a su Kirchner, Brasil, a su Bolsonaro y a sus hijos; cómo, Venezuela a su Maduro y Nicaragua a su Ortega; Rusia a su Putin, Turquía a su Erdogan y EE.UU. todavía a su Trump, que perdió: ¡Bendita pérdida! En ella nos apoyamos, en la esperanza y el ejemplo que proyecta hacia el mundo. ¿Que no nos toca?, al contrario: nos toca profundamente y aun a distancia nos permite esperar. ¡No más autoritarismos, no puede volver el cínico del ático! ¡No puede volver! ¡Advertimos, advirtamos!