Susana Cordero de Espinosa

Ese “algo”…

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Martes 01 de diciembre 2020

Que se nota en el rostro, reflejo de un ‘adentro’ inenarrable pero presente en mínimos detalles. Expresión que revela forma y fondo juntos. Hay algo en cada uno –o no lo hay- compuesto de cuerpo y alma (bellas palabras antiguas) algo en el habla, la sonrisa, la mirada triste o alegre, plena. ‘Algo’ que ella tiene y que se llama estilo. El estilo une a Martin Luther King y a Nelson Mandela; en el estilo y su carencia está la colosal distancia entre Obama y Trump. El estilo muestra lo que somos; nos expresa como seres sociales dueños de nuestra libertad. Es íntimo, personal, resultado de vivencias infantiles, de experiencias enriquecedoras, elecciones lúcidas y rectificaciones sinceras a lo largo de la vida, que aspira a valores auténticos. Es reflejo interior que aparece a los otros, se proyecta y valora. Por todo esto, Leclerc, conde de Buffon, aseguró en su disertación de ingreso a la Académie Francaise, la de ‘los inmortales’: “El estilo es el hombre”.

Ella aparece, y desaparecen las otras y los otros, desesperados por permanecer. Ella aparece realzada, como lo manifestó la víspera, sabiendo a lo que iba a la tal asamblea engrillatada: ‘Una censura apoyada por miembros de esta Asamblea será una condecoración para mí”. Los que la censuraron, perfectamente olvidables, insisten en existir malamente como lo hicieron en los peores diez años de nuestra vida pública. Esos y esas nunca entregaron otra cosa que actitudes aquiescentes respecto de su pastor de ignominia; con intereses y cálculos inmediatos, sin convicción ni pruebas, buscando no morir en las próximas elecciones fueron arrinconados por el estilo de María Paula Romo.

Serranos y no serranos prescindibles, que merecen más que nadie ser juzgados, se convirtieron en jueces anodinos de preguntas incoherentes y abortadas; fundidos en multitud, representaron a raudales la falta de estilo, su carencia de ser.

Cuando en 2011 se prepara la consulta entre cuyas preguntas estuvo la de meter la mano en la justicia, Ruptura 25 se separó así del innombrable: “El presidente no puede excederse en sus funciones. En el ejercicio del poder debemos estar dispuestos a reconocer límites… no encontramos justificación para la consulta popular propuesta”…, mientras rivadeneiras, patiños, serranos, solises, aguiñagas, pavones, ultraconocida y repulsiva caterva, accedía gozosa y metía el cuerpo entero en la indecencia. Hoy, envalentonados por algunos Peseces y Creos y Apés que juntos no hacen uno y sin otra visión que la de lo inmediato, ninguno acertó en una sola de sus deshilvanadas preguntas.

El estilacho andrajoso fue visible en las borregas correosas dirigiéndose a su pastor en foto inolvidable: todas, sin faltar una, sonrientes, listas a lanzarse a los brazos abiertos del jefazo que destilaba su pobre orgullo machista y ramplón. Se creían luz y eran borrosos, impersonales, repetitivos, penosamente nadie, aun en medio de lo que ellas y él supusieron la gloria. Sin estilo.