Realidades

Las expectativas sobre el gobierno que se instalará el 24 de este mes son superlativas y en algunos casos poco realistas. Dos inteligentes colegasde página señalaban en días anteriores que “Tales políticas tienen que reconocer que alrededor del 60% de estudiantes, continuará con educación virtual en los próximos dos años, por lo que se debe priorizar el acceso universal a buen internet en todo el país, sobre todo en zonas rurales y la dotación de computadoras y teléfonos inteligentes para familias y docentes. También agua potable y saneamiento de escuelas urbano-marginales y rurales y vacunas para todos los docentes”. Y otro colega: “Cuando se trata de vidas humanas no puede haber preferencias. Nadie tiene la potestad de decidir quienes viven y quienes mueren. Todos son prioritarios. Es obligación del estado cubrir las necesidades emergentes, garantizar los derechos. Y distribuir los recursos que sabemos existen para otras esferas”.

Ningún ciudadano podría estar en contra de demandas tan justas como las de los párrafos transcritos. El presidente electo ha preparado de la mejor manera su acceso al poder a fin de que, desde el primer día, su acción sea positiva y satisfaga las expectativas generadas. Pero quienes han pasado por la función pública conocen que los mayores limitantes son: el enmarañado sistema burocrático y su rigidez, y la escasez de recursos, junto a la imposibilidad de aumentarlos de manera inmediata. En la actual situación del país, vale tener en cuenta que en 2020 el Estado obtuvo alrededor de USD 7 000 millones de préstamos de los organismos multilaterales de financiamiento, sin cuyos recursos no habría habido dinero suficiente ni siquiera para las más acuciantes necesidades del sector público, como remuneraciones de médicos, maestros, policías, militares, operación de hospitales y escuelas, universidades públicas, etcétera. Gracias a la gestión del anterior ministro de Finanzas, Richard Martínez y la del actual, Mauricio Pozo, Ecuador ha podido enfrentar sin grandes catástrofes los terribles efectos de la pandemia y la consecuente caída de la economía. El PIB de Ecuador se contrajo en el 7,8%, en 2020, lo cual es un durísimo golpe, pero menor frente a contracciones de hasta el 12 y 13 por ciento en otros países de la zona.

El presidente Lasso deberá cumplir sus ofertas de campaña y satisfacer las expectativas. Pero no se puede esperar que en los primeros días se llenen necesidades desatendidas históricamente. No solo que habrá que darle un tiempo prudencial para re enrumbar a la nación, sino que es necesario el compromiso de los grupos políticos con bloques parlamentarios importantes, de brindar el necesario apoyo al Ejecutivo para que lleve adelante sus programas de gobierno y cambie radicalmente la manera como se ha conducido al Estado en los últimos 20 años.