Diego Almeida Guzmán

El malaleche

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Sábado 19 de diciembre 2020

Así, una sola palabra, el “malaleche” es definido por el Diccionario de la Lengua Española (RAE, Edición del Tricentenario, 2014) como “la persona de mala intención”. En su alcance más común, hablar de un malaleche es referirse al individuo que en sus actuaciones opta por lo malo, lo negativo, lo protervo, por perseverar en actitud de conflicto consigo mismo y con los demás… en lugar de elegir lo bueno contrario. El malaleche es también aquel sujeto carente de honestidad, o teniente de finalidades retorcidas y poco transparentes.

Al recorrer literatura en la materia nos hemos topado con algo anecdótico, que posee carices ofensivos. Se dice que el término tiene sus raíces en la arcaica opinión de que la leche con que amamantaba una nodriza de escasos valores éticos, afectaba de manera negativa al futuro perfil moral del amamantado. Hablábase, igual, de que los párvulos cristianos que consumían leche de nanas no creyentes, llegarían a ser adultos que renieguen de la fe católica.

El malaleche vive convencido que la mejor manera de ganar notoriedad – que la necesita para superar su insuficiencia intelectual – es la constante crítica destructiva a todo lo que se da a su rededor. Esta traza centellea a su vez amargura y frustración, fruto de la impotencia del malaleche para ser admitido como hombre valioso, concepción que solo la obtiene del grupo al cual pertenece o del que es su vocero utilitario.
Existen malaleches tanto de izquierda como de derecha, lo que ello sea en doctrina política. Los primeros no tienen recato alguno en aliarse con otros de su misma especie, que corrompidos y envenenados con pensamientos ideológicos malsanos destruyen a pueblos enteros, a los cuales incomprensiblemente los persuaden de su bondad y honorabilidad. Los segundos, en cambio, con discursos filosóficos distintos pero igual de perniciosos, pretenden catequizar con lecciones parcializadas que dejan de preconizar sus reales propósitos y consecuencias. Es preciso insistir en que el malaleche por norma de subsistencia se refugia en otros de similar patrón. Así da origen a un régimen completo de ejercieres perjudiciales para la sociedad.

No podemos dejar de resaltar en que el malaleche, al margen de lo odioso que es, sí que tiene cierta habilidad para deslindarse de responsabilidades, endosándolas a terceros. Lo hace en fiel observancia de aquella otra faceta suya cual es manipular los hechos. El malaleche, en efecto, es también maniobrero pues se vale de artimañas y tinglados para disimular su falta de nitidez moral.

Malaleches los hay crónicos y coyunturales. Los dos son harto peligrosos. El crónico es titular orgánico del defecto, es decir lo lleva en sí… es parte de su esencia y por lo tanto reacciona impulsivamente. El coyuntural puede llegar a ser incluso más siniestro, siendo que razona con mayor detenimiento y por lo tanto identificarlo no es tan fácil.