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Domingo 22 de septiembre 2019

En la revista Palabra he leído un artículo enjundioso de Martín Montoya que tiene, a mi juicio, una evidente actualidad. Sería fantástico que la felicidad fuera el resultado de alguna técnica específica, pero no es así. ¿En qué fallan las “ciencias de la felicidad”? Lo cierto es que los modos de alcanzar la felicidad son más bien pocos en comparación con las mil maneras de ser infeliz o de fracasar en la gran tarea de la vida. Especialmente en este tiempo en que la felicidad se ha convertido en un auténtico mito, son muchos los que piensan que sería suficiente con ensamblar de forma positiva unos cuantos aspectos vitales.

El tema viene de muy atrás, al fin y al cabo, desde que el hombre es hombre, siempre hemos sentido el hambre de ser felices. Casi casi podríamos decir que el tema va unido al ansia de supervivencia. Siempre he pensado que en los, lamentablemente, múltiples casos de suicidio en nuestra sociedad ecuatoriana, llega un momento en que el suicida renuncia a sobrevivir y que la infelicidad está a la base de sus decisiones. Algo así como si uno perdiera las fuerzas necesarias para hacer frente a la adversidad. Ante la angustia que mucha gente manifiesta a la hora de vivir y hacer frente a sus dificultades, mi consejo pastoral es siempre el mismo: trate de alcanzar los medios necesarios para conservar la vida. Medios interiorizados, de los que uno puede empoderarse sólo a fuerza de amor y de fe.

Por eso, me resultan repugnantes las actuales campañas publicitarias que, de una u otra forma, nos ofrecen la felicidad. Y conste que no me refiero sólo a los mil productos que los medios nos ofrecen, sino a las infinitas técnicas basadas en el antiguo coaching o en la actual psicología positiva. Y, sin embargo, a pesar de tantas ofertas de felicidad, nos encontramos en un momento de la historia bien lejano del estado vital de supervivencia. Puede que en las llamadas “sociedades del bienestar”, con altos niveles de vida funcione con fuerza el mito de la felicidad, pero en nuestro medio latinoamericano lo dudo. Para mucha de nuestra gente empobrecida la felicidad es, en muchos casos, una simple ilusión. Y creo que así pasa en general. ¿Por qué en un tiempo en el que el ideal de ser feliz se encuentra en boca de casi todo el mundo y llena nuestras pantallas publicitarias, existe un porcentaje tan alto de persona insatisfechas, deprimidas y angustiadas?

Pienso sinceramente que para intentar ser feliz se necesita algo más que tener plata, dominar técnicas o satisfacer todos los deseos inmediatos. Como en todo, se necesitan procesos que aúnen felicidad y supervivencia o ganas de vivir. No es tarea fácil, por eso hay que empezar desde el inicio de la vida la aventura de ser y crecer en felicidad, sintiéndose lo suficientemente amados y comprometidos con todo lo bueno que nos ofrece la vida. De esto algo sabe la serenidad cristiana.